La dicotomía electoral holandesa: ¿corregir y avanzar o abandonar y retroceder?


Hace poco más de una semana, los Países Bajos, mejor conocidos bajo el nombre de dos de sus provincias Holanda, celebraron elecciones legislativas anticipadas. Con un padrón electoral que sobrepasa los 12 millones y medio de ciudadanos, el hecho ya significativo del ejercicio del sufragio no entra en discusión, pero sí toma la palestra el sistema electoral vigente.
 
Las razones de la discusión se basan, en que aunque Holanda es reconocida por ser pionera en el uso de recursos tecnológicos electorales que datan desde hace tres décadas, en 2007 el activismo de un grupo denominado “We do not trust voting computers” (No confiamos en los equipos de votación) desencadenó una serie de eventos que dieron al traste con el uso del voto electrónico en este país europeo.

En Holanda, luego de años de de usar voto electrónico, retomaron el empleo de boletas de papel y un lapis rojo. Foto: http://www.cope.es

 
Los argumentos, validados por la Secretaría del Interior de ese país, pasaron porque “las máquinas de votación no garantizaban suficientemente que los votos podrían ser emitidos en secreto” y porque no imprimían comprobante impreso del voto. También se alegó “insuficiente fiabilidad y transparencia en el recuento de votos”, ya que sin comprobantes impresos no había maneras inmediatas de auditar los resultados. La recomendación oficial fue volver al uso del sistema manual, basado en boletas de papel y un lápiz rojo para emitir el voto, esquema que fue retomado en 2009 y volvió a ser empleado el pasado 9 de junio.
 
El que la séptima economía de la eurozona revierta la implementación del voto electrónico debe llamar la atención y puede servir para que otras muchas naciones, sin darle la espalda a la tecnología, exijan sistemas confiables y transparentes, porque en la actualidad estos existen y son usados exitosamente en decenas de naciones.
 
El país neerlandés cuestionó la seguridad del sistema computarizado desarrollado por la empresa privada e internacional Nedap, (sobre todo porque sus equipos de votación no imprimen comprobantes del voto) y aunque en principio dejó abierta la posibilidad de retomar el uso de la tecnología para automatizar todo el proceso comicial, la moción ha sido negada, y hoy por hoy, la modernización del voto en los Países Bajos está en stand by. Esta misma empresa, Nedap, también perdió las elecciones que realizaba en Curazao, la isla más grande y poblada del Caribe, justamente por no ofrecer equipos que imprimiesen el comprobante de voto.
 
La necesidad de retomar el debate sobre el voto electrónico en Holanda obedece, a que en los recientes comicios los viejos vicios del sistema manual se hicieron presentes. Los reportes ofrecidos dan cuenta de un descenso en más de cinco puntos de participación; boletas complicadas e inmensas porque los partidos pudieron presentar entre 50 y 80 candidatos en sus listas; sobrepoblación en diversos circuitos electorales que llevó a un grave problema de logística: el exceso de votantes en un mismo centro electoral provocó que el tamaño de las urnas fuera insuficiente y como la ley electoral prohíbe la apertura de las mismas antes del fin de la jornada, los colegios debieron recurrir a nuevas urnas o tratar de forzar la entrada de las papeletas. Además se sumaron las quejas del dispendioso y lento proceso de conteo manual de los sufragios.

En las legislativas del 9 de julio, las inmensas papeletas hicieron insuficiente las urnas, que fueron forzadas o cambiadas en medio de la jornada. Foto: http://www.latercera.com

 
El que Holanda desechara las máquinas respondió a una realidad específica que ponía en riesgo el ejercicio del sufragio, según lo que alegó en aquel entonces la Secretaría del Interior. Sin embargo, después de esta elección y de los problemas que la acompañaron, los alcaldes neerlandeses han pedido formalmente que se vuelva a adoptar el voto electrónico para optimizar el voto y permitir escrutinios rápidos y confiables.
 
Es así, como Holanda se enfrenta a la dicotomía de abandonar o corregir el sistema automatizado de votación, ya no sólo para aprovechar los beneficios de la tecnología al servicio de la Democracia, sino para brindarle a sus ciudadanos la posibilidad de votar de manera segura, rápida y confiable. Esa tecnología que promueve la transparencia y eficiencia existe, lo que falta es la voluntad política.

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