Las dudas y las soluciones del voto electrónico


El miedo es libre, reza un dicho popular, y cuando de derechos ciudadanos se trata, no hay límites a la hora de exponerlo. La implementación del voto electrónico en algunos países pudiera servir como ejemplo perfecto, pues en sus inicios desató una polvareda de dudas que, aunque en la mayoría de los casos han sido suficientemente disipadas con experiencias exitosas, hay quienes por intereses políticos y económicos continúan presionando y generando desconfianza.

Los estudios realizados por especialistas electorales dan cuenta de diversas fases del proceso automatizado del voto, donde los temores alcanzan “picos”. Sin embargo, es justo agregar que muchas veces las sospechas son alentadas, no por hechos concretos, sino por los intereses políticos relacionados con la decisión de un país de modernizar el sufragio.

Máquina de votación usada en Filipinas.

En principio, superada la selección de la tecnología a ser empleada, hacen su aparición dudas de seguridad y transparencia. Unas pudieran ser catalogadas como dudas razonables, pero es importante reconocer –después de haber cubierto como periodista más de 10 elecciones automatizadas- que la gran mayoría se deriva de una campaña contra la implementación de tecnología en elecciones.

Del lado ciudadano se plantea la inviolabilidad del secreto del voto, que no se relacione al elector con el sufragio emitido, duplicidad, usurpación de identidad, que el conteo incluya todos los sufragios y estos no sean eliminados, modificados o sean añadidos. Además que haya un respaldo de cada elección emitida por cada uno de los votantes, y que el conteo sólo se haga al final del proceso.

Las inseguridades sobre el voto electrónico también pasan porque el sistema sea de fácil comprensión y uso para personas de todos los niveles educativos, que permita múltiples auditorías antes y después de la elección, y cumpla la condición sine qua non de la automatización: que sea rápido.

Máquina de votación usada en Brasil.

Actualmente diversas tecnologías disponibles en el mercado ofrecen soluciones para éstas y otras inquietudes asociadas al complejo proceso de diseñar y ejecutar unas elecciones automatizadas. La razón, es que la mayoría de las propuestas parten de tecnificar las etapas y exigencias de la votación tradicional, la manual.

En la actualidad hay equipos usados en países como Estados Unidos, India, Brasil, Filipinas, Venezuela y muchos otros que decidieron dar el salto a la automatización, ajustándola a sus leyes y sistema electoral, siempre apoyados en la seguridad y adaptabilidad que la tecnología ofrece. Un caso interesante representa Brasil, donde es habitual que los postulados sean identificados con un número, el cual hasta los años noventa era impreso en una boleta de papel para ejercer el voto. Tras la automatización se idearon máquinas con teclado numérico que replicaron esta práctica y la transición fue más digerible para el electorado.

Máquina de votación empleada en Venezuela.

En Venezuela, permitir al elector comprobar que el voto emitido en la máquina de votación es el mismo que el reflejado en la papeleta se convirtió en una exigencia ciudadana, que llevó a adquirir equipos que imprimiesen un comprobante del voto en papel que es depositado en una urna convencional y contado al final del proceso para comprobar que ambos resultados coinciden. Esta auditoría se cumple actualmente en el 54% de las mesas electorales. Cabe destacar en este punto que ningún país del mundo realiza tantas auditorías a su sistema automatizado (provisto por Smartmatic) como Venezuela y que en las miles de auditorías posteriores que se realizan después de una elección, el margen de error es cercano a 0%, es decir, lo que cuenta la máquina coincide definitivamente con la voluntad del elector.

Otros aspectos de seguridad que están siendo cubiertos eficientemente en países que han implementado tecnología electoral es que cada elector sufrague sólo una vez y que no pueda usurpar ninguna identidad. La fórmula ha sido el empleo de equipos de identificación biométrica por huellas digitales, con los cuales cada persona pasa por un chequeo (captación de la huella) donde se constata su identidad, o como en Brasil que el elector, con su huella, es el único que puede activar la máquina para ejercer el derecho al voto.

Asimismo se ha viabilizado que el software empleado por las máquinas de votación tengan firmas digitales, que no son otra cosa que herramientas criptográficas con códigos compartidos -en algunos países los tienen los partidos y el ente electoral- que permiten salvaguardar a los equipos, sistemas y memorias de violaciones relacionadas con el uso previo a la elección, errores en los criterios y exigencias propias del proceso y que el contenido no pueda ser modificado.

Son muchos los obstáculos que el voto electrónico ha vencido, principalmente para lograr la aceptación ciudadana sobre la base de seguridad y transparencia. Aun cuando no escapa de seguir enfrentando cualquier otra duda, la prudencia, en lugar de resultar una barrera, ha servido para perfeccionar la tecnología y ofrecer las garantías necesarias.

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