Serie: la automatización del voto I: El sufragio remoto y presencial


La sofisticación de la tecnología ha permitido que los gobiernos cuenten con numerosas herramientas para automatizar las elecciones, e incluso tecnificar las etapas previas a los comicios (empadronamiento, postulación). Sin embargo, el poder de los avances, ha hecho posible que el voto por Internet pueda ser aplicado, al igual que el sufragio presencial.

Mientras el voto electrónico presencial, es el que se ejerce en un colegio electoral, y es en la actualidad, el de mayor aplicación en el mundo; el sufragio en línea, apenas despunta, pero es una de las dos opciones que se tienen para automatizar un sistema de elecciones.

Independientemente de las posibilidades tecnológicas que ofrece cada uno, a la hora de ser adoptado, las naciones sopesan cuál de ellos comporta menores riesgos en la necesidad de preservar los principios de una votación: que sea secreta, universal, libre, igual y directa.

El voto por internet, por ahora, es una realidad sólo en Suiza. Foto: Europarl

En la carrera por ganar nuevos mercados, el voto en línea no las ha tenido todas de su lado. Pues, aunque puede resultar ideal que cada elector tenga la posibilidad de ejercer el derecho al sufragio, incluso desde su domicilio, las exigencias de seguridad no han pasado la prueba.

Este sistema se fundamenta en el voto a través de Internet, mediante una computadora o cualquier otro equipo con acceso a la red, desde un celular o TV digital, los cuales pueden estar en hogares o espacios públicos establecidos para tal fin. A cada elector, se le asigna un número de identificación digital único, protegido por complejos procesos de encriptación, el cual habilita el acceso a la pantalla donde se hace la elección, y luego el voto viaja por una red de transmisión a un centro de totalización.

Países como Inglaterra, Francia, España han realizado pruebas piloto, pero no han decidido su adopción, principalmente porque aún el acceso a Internet es limitado, violando los principios de universalidad e igualdad. Además cuestionan la certificación del anonimato, ya que el número de identificación no elimina la suplantación de identidad; y señalan que la libertad en la emisión del voto tampoco está garantizada, pues podría estarse forzando la elección. Otras posturas refieren la seguridad y secreto del voto, al considerar que aún no hay un software que garantice 100% el sufragio remoto. Pese a esto, Suiza ya puso en práctica un sistema que posibilita la elección en línea y espera extender progresivamente el uso de esta herramienta.

El voto electrónico presencial se basa en la asistencia de los votantes a los colegios electorales.

En paralelo, el voto electrónico presencial, ya cuenta con más de 30 países con exitosa aplicación. El mismo radica en que el elector debe trasladarse a los lugares tradicionales de votación, donde hace uso de máquinas de votación y tarjetones electrónicos. Existen múltiples mecanismos para cumplir con la premisa de la automatización, pero básicamente se decantan en sistemas de Lectura Óptica del Voto (LOV) y procesos de Registro Electrónico Directo (RED).

Estados Unidos, Filipinas, Inglaterra, Brasil, Noruega, Venezuela y Bélgica, han ajustado el voto electrónico a sus necesidades legales e idiosincrasia. Por ejemplo la nación norteamericana utiliza sistemas mixtos, máquinas de pantalla táctil, pero sin registro en papel del voto, así como papeletas para el sufragio y escáneres ópticos para el escrutinio. Venezuela, a su vez, cuenta con un sistema 100% automatizado provisto por Smartmatic, que radica en la captación del voto mediante equipos de pantalla táctil que expiden un comprobante del voto para habilitar su auditoría. Los sufragios son almacenados, contados y transmitidos por el equipo. También dispone de tarjetones electrónicos para comicios con múltiples candidatos.

El voto electrónico presencial tiene detractores, pero su uso extendido da cuenta que cada vez más, los expertos en diseñar los sistemas han ido cubriendo las exigencias y necesidades de los países, librando duras batallas, pero atisbando en el horizonte nuevos retos. La misión es seguir avanzando en la búsqueda de nuevas y mejores herramientas para cubrir las garantías de transparencia, rapidez y confiabilidad.

Tanto el voto presencial, como el remoto, son una realidad. Le corresponde a cada país estudiar cuáles dispositivos se adaptan a sus leyes y cultura. La tecnología es camaleónica y está a la espera de ser considerada para que todos los ciudadanos puedan votar de una manera segura, pero también cargada de modernidad.

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