La deuda de América con Haití


En marzo pasado, Haití, el país más pobre del continente americano, que en 2010 fue devastado por un terrible terremoto, debió hacer frente a elecciones generales para renovar la Presidencia de la República (segunda vuelta), cargos regionales y cuerpos deliberantes. La ayuda internacional que durante meses ha tratado, no con mucho éxito, iniciar la tarea de reconstrucción, además debió sortear el delicado equilibrio de apoyar la organización de los comicios, sin caer en el intervencionismo.

Tras las elecciones, las dudas sobre los resultados y el proceso que se ejecutó dejan ver, que si bien muchas naciones ofrecieron auxilio a los haitianos para salvaguardar su frágil democracia – acechada por violentas dictaduras y numerosos golpes de Estado- prácticamente nada hicieron para garantizar, en medio del caos social y económico, unos comicios que le dieran un respiro al país caribeño.

Haitianos votaron masivamente para renovar autoridades en marzo. Foto: CNN

Mientras el presidente que resultó electo, Michel Martelly, solicita a la comunidad internacional que no legitime los resultados de los comicios legislativos, nos preguntamos dónde estaban Brasil, Estados Unidos y Venezuela, países que desde que ocurrió el sismo, se mostraron dispuestos a apoyar a Haití, e incluso uno de ellos encabeza la coalición de ayuda, pero al momento de atender las necesidades electorales, guardaron silencio.

En Haití los comicios son manuales, la Ley establece que se debe marcar con un lápiz la elección. Foto: Reuters

Permitir que Haití tuviera un nuevo gobierno, sin sombras que empañaran la titánica tarea de levantar al país, era trascendental, tanto como brindar respaldo económico y técnico para reconstruir la maltrecha infraestructura. Brasil, Estados Unidos y Venezuela, todos vecinos de la nación caribeña, y además con portentosos sistemas electorales, podían haberse unido para colaborar, no en proporcionar las herramientas para automatizar las elecciones, pues el voto electrónico en Haití no tiene sustento legal, pero sí en suministrar la tecnología que viabilizara un escrutinio rápido y transparente.

Pese a esto, los haitianos debieron esperar semanas para conocer los resultados electorales, y aún hoy, aguardan que los mismos sean certificados por la comunidad internacional. Ahorrarle a Haití la incertidumbre de conocer quiénes resultaron electos por el pueblo, era imperativo, pero países hermanos como Brasil, Estados Unidos y Venezuela quedaron en deuda.

De ahora en más, los haitianos seguirán dependiendo de la voluntad política del mundo para sobrevivir. Cuando vengan nuevos procesos electorales, volverá a ser sometida al escrutinio internacional la real intención de las naciones de ayudar a que la legitimidad sea la base de las autoridades electas, pues sólo así, Haití logrará levantarse.

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