El referendo en Ecuador: ¿una lección para impulsar el cambio?


No hay confianza ciudadana que resista la dilación electoral. Ese complicado panorama es el que vivió Ecuador, luego que el pasado 7 de mayo celebrara un referendo y consulta popular, y los resultados definitivos se conocieron 12 días después.

La tardanza, junto con las inconsistencias e irregularidades detectadas en el cómputo de 7 mil urnas -la cantidad de votos no coincidió con el de sufragantes-, así como que la información desprendida del conteo rápido del Consejo Nacional Electoral (CNE), redujera drásticamente la proyección del sondeo a boca de urna, retrataron a la perfección, el perjuicio que puede dejar en los electores, el escrutinio manual.

Ecuador posee un sistema electoral 100% manual, cuyo proceso de escrutinio está siendo cuestionado. Foto: noticias365.com.ve

Ecuador cuenta con un sistema electoral 100% manual, que de manera progresiva ha dado muestras de agotamiento en mantener la pulcritud del proceso, y además brindar la garantía de que cada voto ejercido por los ciudadanos sea fielmente contado. La clase política, de todos los bandos, ha expresado su insatisfacción por la forma cómo se ha cumplido el conteo de sufragios, e incluso ha sembrado dudas sobre la veracidad de los resultados.

Ejemplos sobran, la noche del referendo el presidente de Ecuador, Rafael Correa a pesar de proclamar la victoria absoluta en las 10 preguntas consultadas precisando que el “Sí” obtuvo 62% de los votos, contra un 38% del “No“, acusó a varios tribunales provinciales de “manipular el ingreso de actas”. A su vez, Clever Jiménez, asambleísta del partido indígena Pachakutik, destacó que le preocupaba el recuento porque desconfíaba del CNE, al señalarlo de estar bajo la influencia del Ejecutivo.

Inconsistencias obligaron a recontar 7 mil urnas, lo que provocó un retraso de 12 días para conocer resultados definitivos. Foto: wveatv.com

Desde ese momento y hasta 12 días después, los dimes y diretes estuvieron a la orden del día. Mientras, los resultados dictaban que el “Sí” ganaba en ocho preguntas, pero no con la holgada diferencia esgrimida por el mandatario, en las otras dos interrogantes, que eran las más polémicas, porque pedían la habilitación para reformar el poder judicial y regular la prensa, la diferencia era mínima en unos momentos, y en otros, el “No” tomaba la delantera.

Aunque el “Sí” resultó vencedor, el informe emitido por la Organización de Estados Americanos (OEA), uno de los organismos multilaterales que actuó como observador de la consulta popular, reza que “no tenemos ninguna evidencia de un fraude, lo que sí tenemos (es) evidencia de ineficiencias notables en el escrutinio”.

Los hechos ocurridos durante las dos semanas, no pudieron ser más elocuentes para todo el país. Sin embargo, la necesidad de proveer al Ecuador de un sistema electoral moderno que permita comicios rápidos, limpios y seguros, no estuvo entre los temas que los actores políticos debatieron en medio de la crispación.

Es allí, cuando la ciudadanía debe tomar la palabra. La reforma del sistema electoral, es un mandato legal desde 2008, e incluso ese año llegó a ser considerada la adopción de la tecnología que emplea Venezuela, provista por Smartmatic, para tecnificar parcialmente el sufragio, pero hasta ahora, la necesidad de transformar no ha ido de la mano con la voluntad.

El referendo puede ser una lección para Ecuador, y en el futuro cercano, sabremos sí el país está dispuesto a asumir lo aprendido para impulsar el cambio.

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