La seguridad del voto electrónico


Foto: Impacto

Las garantías electorales son las herramientas que permiten a un Estado y a los electores contar con procesos comiciales seguros, pero cuando se trata del voto electrónico, todos los ojos se posan sobre la seguridad que ofrece el uso de máquinas para ejercer el sufragio.

Para estar acorde con las exigencias, en las últimas décadas, la automatización ha dado pasos agigantados para preservar que el voto sea secreto, directo, universal y personal. La fórmula ideada pasa por aplicar revisiones (auditorias de todos los procesos), y además diseñar un software y hardware que se adapte a las necesidades de los países -principalmente por lo que exigen las leyes – y que también exalte las cualidades inexpugnables del desarrollo tecnológico, como la rapidez de los resultados; la exactitud del escrutinio; la sencillez del proceso y la inviolabilidad del secreto del sufragio.

En la actualidad hay múltiples variantes de máquinas de votación en el mercado. Están disponibles, aquellas donde el elector puede manifestar su voto bien sea mediante una operación de un tablero con botones, marcando en papel y luego escrutando electrónicamente el voto, o eligiendo sus opciones directamente sobre una pantalla táctil o boleta electrónica. Pese a esto, independientemente del tipo de equipo que se seleccione, es obligante asegurarse que el funcionamiento ofrezca garantías de seguridad.

Sobre el hardware, los especialistas recomiendan instalar controladores de dispositivos de comunicaciones externas, de manera de garantizar que las máquinas de votación no estén conectadas entre ellas a una red de datos o a internet, o contar con un sistema “stand-alone” que no permite la conexión entre los equipos para garantizar su independencia y cumplimiento de su función. También se puede prever la colocación de dispositivos de almacenamiento de contingencia y compuertas físicas externas que protejan los puertos externos de comunicación.

En cuanto al software, el e-voto concibió mecanismos para que los programas empleados por las máquinas de votación tengan firmas digitales, que no son otra cosa que herramientas criptográficas con códigos compartidos -en algunos países los tienen los partidos y el ente electoral-. Estas permiten salvaguardar a los equipos, sistemas y memorias, de irregularidades relacionadas con el uso previo a la elección, errores en los criterios y exigencias propias del proceso y que el contenido no pueda ser modificado.

Otros aspectos de seguridad que han sido cubiertos eficientemente en países que han implementado tecnología electoral, es que cada elector sufrague sólo una vez y que no pueda usurpar ninguna identidad. La vía seguida ha sido el empleo de equipos de identificación biométrica por huellas digitales, con los cuales cada persona pasa por un chequeo (captación de la huella) donde se constata su identidad.

Dos ejemplos emblemáticos de voto electrónico blindados son los de Venezuela y Brasil. En el primero las máquinas de votación usadas son los modelos SAES-3300, SAES-4000 y SAES-4200 provistas por Smartmatic, las cuales registran los votos, realizan un escrutinio automatizado, sin intervención de ningún medio externo, y transmiten la data electoral. La información almacenada no contiene un orden secuencial. Para la máquina, el elector es anónimo, no hay manera de asociar la voluntad del voto. Por otra parte, para garantizar auditorías posteriores, dan la oportunidad de reimpresión de los comprobantes de votación.

En Brasil, se usa la máquina biométrica de votación, la cual permite identificar a los electores a través de las huellas dactilares. Los equipos de votación, elaborados bajo la supervisión del Tribunal Superior Electoral, constan de un andamiaje que contempla la transmisión automatizada de los resultados, firma digital y criptografía de información. Si bien en ese país lamentablemente las máquinas no imprimen comprobante de voto, es una ventaja que los equipos se activen mediante la autenticación biométrica, lo que garantiza un elector, un voto.

Es así como las referencias a la seguridad del voto electrónico no tienen discusión. Existen, son puestas a prueba periódicamente y reflejan no solo que la tecnología puede facilitar, sino  también robustecer los procesos electorales.

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