Egipto evidenció la necesidad de automatizar elecciones


Foto: EFE

Desde hace ya más de un año Egipto ha sufrido enormes transformaciones políticas y sociales, que desembocaron en procesos electorales decisivos para elegir democráticamente a ambas cámaras del parlamento y al primer Presidente democrático de su milenaria historia.

El fenómeno conocido como la “Primavera Árabe”, y que consistió en alzamientos populares en los países del norte de África, acabó con varios regímenes dictatoriales de décadas de duración y produjo importantes cambios políticos y sociales en la región. Lo que se inició en Túnez el 18 de diciembre del 2010 con la salida de Ben Ali, se propagó a Egipto, Sudán, Líbano, Omán, Arabia Saudita , Jordania, Yemen, Bahrain, y Libia. Actualmente Siria se encuentra bajo enormes protestas.

Luego del derrocamiento del líder Hosni Mubarak, la República Árabe de Egipto fue gobernada por una coalición militar que permitió organizar hasta cinco elecciones nacionales en pocos meses. En todas ellas, la debilidad de las incipientes instituciones egipcias y los típicos problemas de las elecciones manuales salieron a relucir. Durante la segunda ronda de las presidenciales, del total de votos escrutados (aprox. 25.000.000), 843.000 (3,29 %) votos fueron invalidados. Para ofrecer los resultados de las elecciones celebradas los pasados 16 y 17 de junio las autoridades electorales se tomaron una semana. Durante esos días, se generaron enormes tensiones a la ya de por sí convulsionada nación.

Como es de esperarse, ambos candidatos se autoproclamaron como ganadores e indicaron que designarían  gobiernos de unidad. Si bien es cierto que éstas eran las primeras elecciones presidenciales de la nación, y la poca experiencia muy posiblemente se haría sentir, las limitaciones a los poderes presidenciales hechas por la junta militar que gobierna la transición, y lo cercano de la votación obtenida por ambos candidatos, generaron una gran tensión en el país. La semana de espera no hizo sino agravar la situación. Al final, Mohamed Morsi obtuvo 13,23 millones de votos en mientras que Ahmed Shafiq obtuvo 12,35 millones.

Aún tomando en cuenta la escasa experiencia electoral de Egipto, dadas las tecnologías de votación que existen hoy día en el mercado, estos niveles de retraso e incertidumbre son inaceptables para la estabilidad de un pueblo que pide democracia. Egipto debe modernizar su plataforma electoral y desprenderse de todo vestigio de atraso y autoritarismo. Desde la generación de un registro electoral confiable y moderno, que utilice la biometría para la autenticación del votante, pasando por la utilización de máquinas de votación para garantizar el correcto registro de votos, consolidación, y promulgación de resultados, los egipcios deben procurar la mejor tecnología disponible en el mercado. Las elecciones libres, justas y transparentes son esenciales para el transitar democrático de una nación. La automatización es el próximo paso que debe seguir Egipto para continuar con su revolución libertaria.

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