En Venezuela, los mitos electorales son historia


Los venezolanos cuentan con elecciones 100% automatizadas, gracias al uso de máquinas de votación, tarjetones electrónicos y equipo de identificación biométrica. Foto: ACN

En su carrera por el voto electrónico, Venezuela ha superado, por más de una década, obstáculos técnicos, logísticos, políticos y hasta de origen mítico. El periodista destacado en la fuente electoral del diario El Universal, Eugenio Martínez, ofreció, con ocasión de un taller para comunicadores sociales sobre cobertura de procesos electorales organizado por el Centro Carter, una exposición que reseñó los mitos que ha sorteado la automatización en el país.

La presentación se paseó por los comicios que se han efectuado entre 2004 y 2012. Durante el primero, se marcó un punto de inflexión, pues con el referendo revocatorio realizado en esa fecha, Venezuela cambió de tecnología y dio el salto del voto manual y escrutinio automatizado, al voto electrónico; mientras que este año, será puesto a prueba el SAI (Sistema de Autenticación Integral), que es un nuevo dispositivo de identificación biométrica, diseñado por la empresa Smartmatic -proveedora de la tecnología electoral- que está adosado a la máquina de votación, para validar la identidad de los electores, a través de la huella digital.

El rango de tiempo seleccionado, marca dos momentos importantes para el país en su desarrollo del sistema electoral, pero también pone sobre la mesa, que la presión política y ciudadana, en lugar de frenar la modernización del sufragio, le dio impulso a la tecnología para hacerse más efectiva en resguardar la voluntad popular.

Martínez ejemplifica, que durante varias jornadas, el secreto del voto fue duramente cuestionado, con alegatos que van desde que la máquina de votación recibe y transmite información durante el proceso hasta que guarda la secuencia del sufragio revelando la identidad del elector, o que previo a los comicios, la votación fue grabada en su memoria. Todos estos supuestos fueron desvirtuados.

Primero, las máquinas electorales venezolanas no están conectadas a ninguna red, ni antes ni durante la votación. Sólo después de escrutar los sufragios e imprimir el acta de resultados es que se conecta para transmitir la información. Para garantizar que no tiene almacenada ninguna información antes del evento, los encargados de cada mesa, previo a empezar a recibir a los electores, imprimen la llamada acta de inicio, que debe arrojar votación cero. Sobre la secuencia del sufragio, Martínez lo explica bien: cuando el elector emite su voto, éste entra en una memoria “temporal”, que almacena hasta cinco votos. Cada vez que ingresa uno nuevo a esta memoria, se reordena aleatoriamente (como si fuera un bingo) y se extrae un voto que va al archivo definitivo. Finalmente los sufragios seleccionados aleatoriamente son registrados en archivos encriptados sin relación con el orden de llegada de los electores.

El periodista también alude que con el nuevo SAI, se ha mencionado que el Consejo Nacional Electoral (CNE) sabrá, en tiempo real, por quién se está votando, y que éste sistema no garantiza el principio: un elector, un voto. Las respuestas a estos señalamientos también han sido todas técnicas, se expuso que “la Máquina de Votación, a la que está conectado el SAI, está totalmente desconectada de canal de comunicación durante el proceso de votación. Lo segundo es que la memoria de la Máquina de Votación almacena únicamente las huellas correspondientes a los electores que votan en  la misma”.

Finalmente Martínez apunta que debido a que en el país se aplica un robusto proceso de auditoría en todas las elecciones y sus distintas fases, “los técnicos de los partidos políticos han comprobado que el voto es encriptado por una clave construida de manera segura por la mezcla de porciones aportadas por los partidos, Smartmatic y el propio CNE (…) Una vez se cierra la elección no se puede volver a arrancar la máquina. Adicionalmente, el cifrado de votos con una clave secreta y segura imposibilita agregar nuevos votos”.

Todas las teorías de fraude o conspiración han sido barridas por la tecnología y las garantías que ésta ofrece. La clave para salvar los temores, ha sido que el CNE trabaje de la mano con los partidos políticos, y compartan la responsabilidad de resguardar el voto, a la par de valerse de los avances tecnológicos, para tener un sistema electoral que garantiza la voluntad popular. Los mitos en este país, son historia.

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