La política, más que la tecnología, frena la automatización electoral


Panamá usó el voto electrónico, pero la falta de presupuesto generó fallas logísticas que son usadas como excusa para invalidar la experiencia. Foto: http://www.laestrella.com.pa

En la última década numerosos países han perfeccionado el voto electrónico, lo que ha servido de trampolín para que otras muchas naciones se encaminen a modernizar su sufragio. Aunque los esfuerzos pasan por modificaciones de leyes, estudio y aplicación de la tecnología electoral, automatización de una o varias etapas del sistema, e incluso realización de licitaciones para la adquisición del modelo más adecuado al país, la efectiva adopción del sufragio digital sigue encontrando resistencia.

Al evaluar los obstáculos que enfrenta el voto electrónico, resulta, por más contradictorio que parezca, que las barreras no están si quiera por asomo, relacionadas al uso de la tecnología, sino que los intereses políticos se han posicionado como el principal freno para que los mecanismos de votación avancen en la procura de más y mejores garantías para los electores.

Los ejemplos de este hecho son variados. Colombiarealizó un primer piloto hace cinco años y ha pasado un lustro sin poder conseguir la reforma legal que sustente la automatización. Aunado a esto, la Registraduría Nacional ha solicitado durante años los recursos necesarios para adquirir la tecnología y realizar pruebas vinculantes en elecciones internas y probar la eficacia de la tecnología, pero su petición ha sido recurrentemente negada.

Perú diseñó su propio sistema de voto electrónico, pero las autoridades siguen sin asignar los recursos para iniciar su aplicación.

La misma circunstancia al país neogranadino vive Perú. En esta nación, la Oficina Nacional de Procesos Electorales consiguió la aprobación de la normativa que le da piso legal al voto electrónico, incluso diseñó y produjo un equipo para aplicar el voto digital, pero las autoridades siguen sin aprobar el presupuesto que se requiere para concretar el proceso.

En Ecuador y Panamá la historia es similar. En el primer país, se cuenta con el Código de la Democracia que establece el voto electrónico, pero la  resistencia cultural y la inversión que debe hacerse mantiene paralizada la automatización. En la segunda nación, aunque el año pasado se logró un hito, al escogerse una comarca indígena para aplicar por primera vez, el sufragio digital, una prueba realizada este año -que no contó con el presupuesto suficiente- con fallas logísticas, alzó voces en contra y la modernización se puso en el congelador.

Chile, por su parte, poco habla del voto electrónico. Sólo recientemente el director del Servicio Electoral, Juan Ignacio García, apuesta por avanzar, con la intención de superar las dificultades que impone el actual procedimiento basado en papel. Este país tiene mucho camino por recorrer, pero ya la autoridad comicial, adelanta que los políticos no la pondrán fácil.

Mientras Honduras y República Dominicana apenas se asoman a la idea de automatizar y deben superar la prueba de someter la tecnificación a los actores políticas, en México se siguió un proceso de licitación irregular -escogencia de una empresa inexperta y vinculada a partidos- que empañó la experiencia desplegada este año.

Todos los casos expuestos, evidencian que la falta de decisión de las autoridades gubernamentales mantiene en stand by la automatización, a la par que los conocidos y reconocidos vicios del voto manual (inconsistencia en actas, suplantación, errores en totalización), siguen imperando, restando credibilidad al sistema de elección popular. El voto electrónico es el presente y el futuro y cualquier interés político o económico que lo niegue, en algún momento será erradicado por la razón: hay que preservar el voto y la tecnología es la aliada para ello.

Un pensamiento en “La política, más que la tecnología, frena la automatización electoral

  1. Y más que la indecisión de las entidades de gobierno, estas demoras obedecen a que sencillamente no hay consenso en que éste sea el camino a seguir. Los politólogos en general tienden hacia la automatización, pero –habráse visto semejante ironía– los opositores somos prácticamente todos quienes nos dedicamos a la seguridad en cómputo, dado que comprendemos que no puede haber una implementación confiable.
    Me da mucho gusto que en tantos países esté privando por lo menos suficiente sentido común como para permitir que la sociedad entera sea consultada, y no se tomen decisiones apresuradas que terminen siendo nocivas.

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