Nicaragua cercada por el voto manual


El voto manual de Nicaragua siembra dudas sobre resultados. Foto: INEJ

Hace pocos días Nicaragua asistió a las urnas y no hubo sorpresas. El voto manual, junto a un sistema electoral obsoleto en cuanto a registro de electores, logística y organización, entregaron al país y al mundo, resultados poco confiables. Nuevamente se afectó la percepción que sobre esta nación se tiene a la hora de realizar elecciones.

Viejos y nuevos vicios se repitieron por doquier en Nicaragua. Usurpación de identidad; electores que votaron dos, tres y hasta cuatro veces; retraso en la instalación de mesas; material electoral insuficiente; escaramuzas durante la entrega de las actas con el conteo de votos; miles de votantes migrados irregularmente (ilícito conocido en Nicaragua con el nombre ratón loco); violación del secreto de voto y parcialidad de parte del Consejo Supremo Electoral, fueron algunas de las prácticas que ya se han hecho costumbre en el país centroamericano.

En estos comicios municipales se eligieron 153 alcaldes, con sus vicealcaldes y 6.076 concejales. Desde todos los ámbitos han surgido condenas al proceso electoral. El Partido Liberal Independiente (PLI), la principal organización opositora al gobernante y triunfador de la jornada, denunció que el partido Frente Sandinista de Liberación Nacional, movilizó a grupos de adolescentes de un municipio a otro para votar, así como que obstaculizó la salida del material electoral de varios centros de votación. Monseñor Jorge Solórzano cree que la poca afluencia de votantes -la abstención fue cercana al 50%- se debió al desánimo por las irregularidades perpetradas por el Consejo Supremo Electoral (CSE).

Estados Unidos también se unió al coro de críticas. Denunció la “falta de transparencia” y las “alarmantes irregularidades” en los comicios, incluso arriesgó el cuestionamiento sobre “el modo partidista en el que el CSE manejó el proceso antes de las elecciones y el mismo día”, para “beneficio del partido en el poder”.

Lo sucedido en estas elecciones fue prácticamente lo mismo que pasara en noviembre de 2011, en los comicios presidenciales. La Unión Europea y la Organización de Estados Americanos (OEA) calificaron de “bochornosa y fraudulenta” esa jornada y recomendaron renovar la dirección del CSE e impulsar su neutralidad e independencia; depurar el registro electoral que tiene cerca de 800 mil electores fallecidos y cumplir con la emisión de cédulas; disponer de centros de votación que resguarden el secreto del sufragio, mejorar la logística, en resumen, transformar el sistema.

Ese es el reto que enfrenta Nicaragua. Minimizar la influencia del poder político en favor de la voluntad popular. Dar un paso al frente y entregarle al país un modelo de votación que se asiente en la transparencia y seguridad, y no en el interés partidista. Proteger la participación igualitaria de las fuerzas políticas, y por sobretodo, cuidar el bien más preciado de la Democracia: el sufragio. El voto electrónico, aquel que no permite manipulación y propicia auditorías, bien puede ser el camino para el cambio.

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