La implementación progresiva es clave para el voto electrónico


Honduras usa voto manual y en las recientes primarias la sombra del fraude empañó el proceso. Foto: La Patilla.

Honduras usa voto manual y en las recientes primarias la sombra del fraude empañó el proceso. Foto: La Patilla.

La decisión de instrumentar el voto electrónico no admite improvisaciones ni atajos. Reconocer las necesidades de un país, su legislación y la idiosincrasia son vitales para seleccionar y adaptar la tecnología electoral disponible en el mundo, y hacer de la nación, un ejemplo de modernidad comicial.

Actualmente hay decenas de países interesados en automatizar sus sistemas electorales. Sólo en Latinoamérica se cuenta a México, Perú, Colombia, Honduras, Bolivia y Panamá como algunas de las Repúblicas que buscan dar el gran salto, y a la luz de sus experiencias, así como de las que ya cuentan con una aplicación exitosa (Brasil y Venezuela) es evidente que todas estas naciones, en principio, comprendieron que todo el proceso debe ser progresivo.

El por qué la aplicación debe ser paulatina es simple: para no forzar a la ciudadanía, así como para no apurar ninguna de las complejas etapas que involucra automatizar las elecciones.

Por ejemplo, en Honduras, los más recientes comicios -noviembre 2012- fueron casi una pesadilla para el país, ya que debieron esperar dos semanas para conocer los resultados, lo que hizo que los actores políticos impulsaran la superación del voto manual. Una petición homogénea de la clase política, es que se inicie con una instauración parcial, es decir, que se seleccione una o dos regiones para evaluar su funcionalidad y efectividad. La práctica focalizada es uno de las formas más recomendadas para automatizar los comicios, y ha sido seguida por variados países, como Brasil, que en 1996 estrenó su tecnología, pero fue entrada la década del 2000 que estuvo disponible en todo su territorio.

Los venezolanos cuentan con elecciones 100% automatizadas, gracias al uso de máquinas de votación, tarjetones electrónicos y equipo de identificación biométrica. Foto: ACN

Los venezolanos cuentan con elecciones 100% automatizadas, gracias al uso de máquinas de votación, tarjetones electrónicos y equipo de identificación biométrica. Foto: ACN

El proceso de automatización también fue paulatino en Venezuela. En el país suramericano, la experiencia comenzó en 1998, cuando se implantó un sistema mixto: la votación era manual, pero el escrutinio y la totalización eran electrónicos. La tecnología de los escáneres ópticos resultó engorrosa y tenía un alto error de lectura (hasta 15% de los votos emitidos en algunos casos). Entonces, con la premisa de cumplir con un requerimiento legal, pues ya la Ley Orgánica del Sufragio de 1997 contemplaba elecciones 100% automatizadas, en 2004 se atendieron todas estas necesidades, y se procedió a automatizar todo el proceso. Se adoptó una tecnología que va desde la identificación biométrica y el uso de tarjetones electrónicos que se asemejan a las antiguas papeletas, pasando por un software con firma digital o código compartido -entre partidos, organismo electoral y la empresa proveedora Smartmatic- hasta un comprobante en papel, que permite auditar “en caliente” hasta el 54% de los votos emitidos en unos comicios.

También está el caso colombiano. El mismo es un ejemplo de la flexibilidad que da la tecnología, pues mientras se vence la resistencia política en la aplicación de la automatización, el organismo electoral se dio a la tarea de tecnificar elementos alternos, pero vitales en una elección: el registro electoral y la inscripción electrónica de candidatos, los cuales se han configurado en los  pasos iniciales para automatizar el voto en el país en el futuro cercano.

Perú, a su vez, representa otra forma de implementación paulatina. El organismo electoral, tras estudiar de cerca naciones con voto electrónico, creó un sistema que se vale de los avances logrados en diversas naciones por las empresas más importantes en tecnología electoral, para adaptar la automatización a las características legales y culturales del país inca. A la fecha, en dos ocasiones y de manera focalizada se ha empleado su invención de forma exitosa, y ahora está a la espera de recursos para avanzar.

Vistas las experiencias, la progresividad en la aplicación del voto electrónico resulta vital, tanto para no hacer traumático su empleo y asegurar su efectividad, como para garantizar que todo el país se involucre en la selección y adaptación de la tecnología que resguarda el derecho que sostiene a la Democracia, el sufragio.

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