El riesgo electoral colombiano, es cada vez más costoso


En Colombia comenzaron a usar la identificación biométrica para certificar la identidad de los electores. Foto: Registraduría

En Colombia comenzaron a usar la identificación biométrica para certificar la identidad de los electores. Foto: Registraduría

La Registraduría de Colombia y algunos actores políticos y mediáticos, exaltaron que luego del cierre de las elecciones presidenciales del pasado 25 de mayo, el organismo implantara el “récord” de publicar, en apenas 45 minutos, los resultados extraoficiales del 94,65% de las mesas electorales.

Aunque dar a conocer la información electoral en un tiempo perentorio ayuda a frenar la posibilidad de desorden civil, y puede elevar la credibilidad del sistema, en el país neogranadino adelantar rápidamente resultados no es una garantía electoral, pues los datos ofrecidos el mismo día de las elecciones son de carácter meramente informativo, y por lo tanto, carentes de validez frente al escrutinio oficial que se informa semanas después.

En esta nación, por ser el voto manual, se emplea un proceso denominado preconteo, que sirve de base para la información extraoficial que se entrega al país el día de los comicios, y que no guarda ninguna relación con el escrutinio oficial.

A la luz de esa realidad, la “rapidez” aplaudida por la Registraduría carece de sustento, pues no se trata de los resultados definitivos, sino de datos extraoficiales, que en varios procesos electorales anteriores han discrepado del conteo final, y han servido para desnudar las fallas e irregularidades que el voto manual genera en Colombia.

Apenas en marzo pasado, el propio registrador Carlos Ariel Sánchez afirmó que “si se están buscando votos en el pre-conteo están en el lugar equivocado”, al tratar de desmeritar el reclamo hecho por el partido Centro Democrático, el cual denunció que el conteo preliminar obvió miles de votos. Al hacerlo, puso en entredicho el sistema que hoy se alaba.

También hay que agregar lo ocurrido en las elecciones legislativas de marzo de 2010, pues en esos comicios debieron pasar varios días para conocer quiénes ocuparían las curules, y luego meses para que los cargos fueron asignados oficialmente.

Los vaivenes del sistema electoral colombiano desnudan que no debería usarse, pues como ya hemos dicho en múltiples ocasiones, resulta viable para elegir un cargo, pero es totalmente ineficiente para permitir la elección de tantos cargos como el país requiera.

El éxito relativo de las presidenciales colombianas no debería dilatar el debate que requiere este país para salir del atraso electoral, pues esta jornada convalidó que el problema comicial colombiano está en el sistema, capaz de salir algunas veces airoso ante una elección presidencial manual, pero enturbia, entorpece y hace cuestionable las elecciones de mayor complejidad como las de los cuerpos deliberantes.

De no asumirse el reto de avanzar -existe la Ley 1475 que permite el voto electrónico-, el riesgo electoral colombiano será cada vez más costoso, pues sólo un sistema de votación automatizado que garantice resultados oficiales oportunamente, comprometerá más a los ciudadanos en el ejercicio de la Democracia.

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