Perú da la espalda a la transparencia y arriesga el voto electrónico


La Onpe de Perú diseñó una máquina de votación que ha sido probada en varias ocasiones.

La Onpe de Perú diseñó una máquina de votación que ha sido probada en varias ocasiones.

Lo que sucede en Perú es un buen ejemplo de cómo a veces las buenas noticias pueden no serlo tanto. Si bien este país anunció que en las elecciones regionales y municipales del próximo 5 de octubre ampliaría la aplicación del voto electrónico -estrenado en 2011-, ya que lo usará en siete distritos, las autoridades han puesto en riesgo el proceso al ejecutar “bajo la sombra” etapas vitales de la elección.

Una búsqueda sencilla de información sobre la jornada en Internet, desnuda que la ciudadanía ha sido poco informada de los manejos de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) en la organización de la jornada, especialmente en lo que concierne a la automatización.

Por ejemplo, fue la airada respuesta del organismo sobre las garantías de un proceso licitatorio, lo que llevó al país a enterarse que el mes pasado le fue otorgada a una empresa española, Scytl, la buena pro para el desarrollo del software que hará funcionar al sistema automatizado.

La ONPE debió reaccionar a señalamientos claros y contundentes, tanto en contra de la adjudicación del contrato a la compañía ibérica, como del mismo proceso licitatorio, pues el mismo adoleció de las condiciones mínimas para garantizar que fueron los intereses técnico-electorales, así como la idoneidad de la tecnología, lo que prevaleció a la hora de la selección de la empresa.

En principio, la licitación fue prácticamente un hecho desconocido durante su realización,  contraviniendo parte de las exigencias para llevar adelante una selección limpia y eficiente de voto electrónico: que sea de cara al país y que permita competir a tantas empresas como haya en el sector. En este caso, fue convocada a finales de junio y resuelta un mes después, pero fue hasta esta semana que su cumplimiento debió ser reseñado por los medios de comunicación, y sólo porque la ONPE respondió a los señalamientos contra la empresa española.

Y es que debido a lo hermético del proceso, apenas una compañía -Scytl- hizo una oferta sobre soluciones de software electoral para voto electrónico en red y/o auditorías de seguridad. Pese a esto, la ONPE aprobó el contrato, e incluso corrió el riesgo ético que supone que Scytl Perú tenga como su Gerente de proyectos a Raúl Murga Fernández, quien hasta mayo del 2013 se desempeñó como Gerente de sistemas del organismo electoral.

Aunado a los válidos cuestionamientos sobre la licitación, se suman las críticas contra Scytl. Esta empresa enfrenta un proceso legal en Ecuador, donde el organismo electoral la declaró incumplida, ya que el software diseñado para realizar la lectura digital de las actas manuales de votación falló. Los errores de la solución tecnológica impidieron la presentación de los resultados oportunamente.

Con ese panorama, a menos de dos meses para las elecciones no se conoce cuál será el sistem

a que usarán los 7 distritos con voto electrónico. Lo único que se ha filtrado es que se trata de un mecanismo denominado “voto en red”, pero de cuya funcionalidad no hay ni la más mínima información.

La ONPE, saltándose los criterios para que una licitación cumpla con los estándares de transparencia, arriesga la responsabilidad de entregar al país un sistema automatizado del voto óptimo y blindado.

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