El voto electrónico se expande apalancado en su versatilidad


Foto: Impacto

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Los detractores del voto electrónico suelen hacerse eco de cualquier diferencia interna en los países, o de las fricciones políticas que acompañan la adopción de la tecnología electoral, para tratar de desacreditar su uso, pero la realidad es que la automatización lejos de retroceder o estancarse, se ha expandido más allá de las elecciones constitucionales.

El avance de la tecnología no sólo permitió que el sistema político que reina en el mundo, la Democracia, se supliera de las múltiples soluciones diseñadas para mejorar los procesos que conlleva un evento comicial, sino que su versatilidad está siendo aprovechada por las innumerables organizaciones que en el planeta deben, por ejemplo, elegir autoridades, aprobar o rechazar iniciativas, dar paso o detener propuestas comunitarias, sancionar u objetar proyectos de Ley.

Es así como en la actualidad es recurrente que universidades, gremios profesionales,  partidos políticos, asociaciones civiles, parlamentos, alcaldías o cualquier otro formato organizativo, acudan al voto electrónico para ofrecer a sus electores la oportunidad de interactuar con un sistema de votación capaz de adaptarse a las necesidades de cualquier grupo electoral, y al mismo tiempo ofrecer garantías que pasan por rapidez, seguridad, transparencia y auditabilidad.

En la región, países como Argentina, Perú, República Dominicana, Ecuador, Colombia, España y Venezuela, han experimentado con elecciones automatizadas en organizaciones estudiantiles, políticas o sociales, repitiendo los resultados exitosos mostrados en comicios tradicionales automatizados alrededor del mundo.

En estos procesos suele usarse los dos modelos de voto electrónico más demandados en la actualidad, el primero es el Registro Electrónico Directo (DRE, por sus siglas en inglés), que consiste en el empleo de máquinas con pantalla táctil que permiten ejercer el sufragio, almacenar los votos, totalizarlos y transmitirlos a un centro de cómputo, además de imprimir un  comprobante físicos de las selecciones que hagan los votantes. La segunda alternativa es la denominada LOV (Lectura Óptica del Voto), que se basa en el uso de una urna que dispone de un lector o escáner para identificar las boletas y procesar los votos a fin de contarlos automáticamente.

Los ejemplos expuestos, son apenas algunas de las áreas donde la tecnología electoral despunta para brindar, cada vez más, software y hardware especializado para todas las etapas de un proceso de votación. Estos y otros mecanismos, de reconocido éxito en el mundo, han ayudado a derribar barreras, y permitir que la versatilidad sea un aliado indiscutible en la expansión del voto electrónico.

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