Perú tropieza en su objetivo de ampliar automatización electoral


Equipos usados en Perú retrasaron proceso. Foto: La República

Equipos usados en Perú retrasaron proceso. Foto: La República

Todo lo que comienza mal, termina mal. Esta máxima del imaginario colectivo puede ser perfectamente aplicada a Perú, nación que hace unos meses anunció la extensión de la automatización de uno a siete distritos, pero cuya ejecutoria fue hecha de espaldas a la ciudadanía, y ahora, tras los comicios regionales y municipales –del 5 de octubre- debe afrontar acusaciones de fraude, denuncias de mal funcionamiento del sistema, dudas sobre la selección de la tecnología y desórdenes civiles.

El avance del voto electrónico fue notificado por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) apenas en agosto pasado, cuando producto de las críticas a la licitación que adjudicó a la empresa española Scytl la buena pro para el desarrollo del software del sistema automatizado, el ente debió responder a los cuestionamientos sobre que el contrato se otorgó a la única compañía participante, que el proceso se llevó con total hermetismo y que Scytl Perú tenga como su Gerente de proyectos a Raúl Murga Fernández, quien hasta mayo del 2013 se había desempeñado como Gerente de sistemas del organismo electoral.

Al compendio de críticas, se unen los resultados de los comicios de este 5 de octubre,  donde  por ejemplo en el distrito de Pucusana, los habitantes protestaron en la municipalidad y la fiscalía se dispone a investigar las denuncias de fraude, mientras en todas las localidades con automatización electoral se registraron múltiples problemas que pasan por la falta de capacitación de los técnicos, miembros de mesa y electores, lo que generó un fuerte retraso en la instalación del sistema por el desconocimiento en el manejo de los equipos; y demoras en el propio proceso de votación, ya que los votantes no sabían cómo ejercer el sufragio, y las máquinas presentaron atraso por la aplicación para desbloquear la cabina con la tarjeta inteligente, así como para imprimir el comprobante del voto.

Aunado a lo anterior, llama la atención que el sistema de Scytl no pudo brindar a Perú uno de los beneficios más reconocidos al voto electrónico: la rapidez. Aunque apenas eran 186 mesas con 34.672 electores habilitados para votar de manera automatizada, la Onpe debió esperar más de siete horas para entregar los resultados de los siete distritos con máquinas de votación, luego del cierre de las mesas.

Lo sucedido en estas elecciones contrasta con las experiencias previas de voto electrónico en este país. La Onpe diseñó una máquina de votación y un sistema que le había permitido automatizar exitosamente diversos comicios de forma parcial, pero al dejar de lado la necesidad de una licitación transparente para seleccionar la tecnología que más convenga al país, ha retrocedido y puesto en riesgo el proceso de migración del voto manual al electrónico.

Las organizaciones políticas, la ciudadanía y los grupos de interés se mostraban confiados de los resultados automatizados, por el previo funcionamiento de la tecnología diseñada por la Onpe, sin embargo, ahora el organismo tendrá no solo que trabajar para mejorar el sistema, sino también para recuperar la confianza del país.

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