La brecha electoral entre Brasil y Uruguay


Brasil cuenta con una urna electrónica, con teclado numérico y dispositivo de identificación biométrica.

Brasil cuenta con una urna electrónica, con teclado numérico y dispositivo de identificación biométrica.

El pasado 26 de octubre, Brasil y Uruguay cumplieron sendas jornadas electorales. En ambas naciones, los comicios presidenciales se cumplieron sin contratiempos, pero al evaluarse el desempeño de los sistemas electorales, las diferencias fueron sustanciales: mientras los brasileños apalancados en el voto electrónico tuvieron resultados rápidos y oficiales, los uruguayos enquistados en el sufragio manual debieron conformarse con un escrutinio lento y resultados extraoficiales.

Para ilustrar la brecha electoral entre estos países suramericanos, sólo basta describir cómo cierra el proceso comicial de Brasil. Como en otras regiones con voto electrónico, al término de la elección, el escrutinio y totalización se cumplen de manera automatizada, y la transmisión de resultados se hace mediante redes alámbricas, inalámbricas o satelitales, lo que permite conocer la decisión popular en lapsos cortos.

Durante la segunda vuelta electoral -en la que resultó reelecta Dilma Rousseff- el sistema de votación electrónica hizo posible contar más de 140 millones de votos  en apenas tres horas, correspondiendo 105.476.578 de sufragios a la Presidencia y 35.136.837 de votos en las 15 gobernaciones que se disputaron. Aunado a esto, debido a que la legislación autoriza exponer a la población resultados prácticamente en tiempo real, es decir, poco tiempo después que se cierran las mesas de votación y comienza el conteo, el mundo pudo atestiguar el avance de la totalización desde la página web del Tribunal Superior Electoral. Incluso, la garantía del conteo automatizado impidió que la estrecha diferencia entre los candidatos (3,2%), generara o dudas o fricciones.

Ese mismo día en Uruguay, la historia fue diferente. Aunque la jornada comicial concluyó en paz, el electorado no pudo tener información oficial al cierre de la elección, pues el sistema manual del que se dispone, no tiene capacidad para ofrecer resultados el día de las elecciones. La dinámica a la que está sometida la nación pasa porque sean las encuestadoras las que den las primeras tendencias, mientras que la Corte Electoral ofrece un escrutinio primario al día siguiente que puede contener errores, y sólo entre seis y siete días después es que informa oficialmente la data del escrutinio.

En estas elecciones presidenciales, el país debió esperar hasta el 1° de noviembre -seis días después de los comicios- para conocer los resultados definitivos. Esta situación se repetirá el próximo 30 de noviembre, cuando se cumpla la segunda vuelta presidencial.

Atendiendo la tremenda diferencia entre Brasil y Uruguay, la razón de que la velocidad sea uno de los beneficios más exaltados a la hora de tecnificar las elecciones, es que el voto manual y su dificultad para arrojar resultados pertinentes, ha generado episodios sombríos y hasta tragedias, debido a la vinculación del retraso en el escrutinio y su anuncio, con el fraude y la manipulación.

Es así como con el voto electrónico, el tiempo del proceso electoral cobra relevancia, no por lo larga que pueda ser la jornada, sino que la automatización de los sistemas, además de agilizar y facilitar la votación, asegura que el ejercicio del sufragio arroje resultados ajustados a la voluntad ciudadana y que estos se ofrezcan oportunamente, garantías que al voto manual le son imposibles de replicar.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s