Uruguay en deuda con su sistema electoral


uruLos uruguayos acudieron a las urnas –este 9 de abril- sin mayores inconvenientes. En medio de un proceso de relativa tranquilidad que tuvo una participación del 87% -poco más de 2,2 millones de personas- se eligieron 19 intendentes, 589 ediles, 112 alcaldes y 448 concejales.

Pese a la normalidad, hubo declaraciones previas sobre el sistema electoral que indican que algo no está bien en Uruguay. El ministro de la Corte Electoral, Pablo Klappenbach, aclaró que no debe considerarse el primer conteo como válido pues, como ha ocurrido en eventos electorales previos, los resultados preliminares no siempre coinciden con el escrutinio definitivo.

Normalmente en Uruguay se efectúan tres conteos: el preliminar del día de las elecciones; el escrutinio primario que tradicionalmente culmina al día siguiente y el definitivo que toma casi una semana. Aunque esa metodología no trajo problemas en esta ocasión, la realidad es que el país está a tiempo de superar un esquema ya caduco, y evitar que se presenten complicaciones que deslegitimen el modelo de votación.

Klappenbach lo dijo así: “el resultado de este domingo es un escrutinio provisorio. Tenemos un ejemplo de la elección departamental pasada en el que con el conteo primario era un partido el que estaba ganando, pero cuando se terminó el escrutinio, cuando se escrutan lo que llamamos votos observados, terminó ganando otro partido”. Incluso sostuvo que “hay antecedentes en los que tras el primer recuento ganó el candidato de un partido y tras el segundo acabó venciendo otro de los candidatos”.

Transcurrida la jornada, fueron pocas las advertencias sobre los retrasos en el escrutinio, pero la realidad es que el largo proceso de votación en Uruguay limita las garantías electorales elementales, pues no se cumple con la entrega oportuna y transparente de los resultados comiciales.

Pasada la elección, en el país se hizo evidente la necesidad de aplicar una reforma electoral, en principio para evitar que el calendario aglomere procesos –en el último año se han realizado cuatro comicios-, y se evalúa que en 2016 se lleve al parlamento la iniciativa.

Partiendo de este hecho, la oportunidad podría ser aprovechada para que Uruguay salde la deuda que tiene con la modernización del sufragio. Hacerlo sería permitir a esta nación dejar atrás la multiplicidad de escrutinios, y dar paso a un voto robusto, capaz de entregar resultados finales el mismo día de la elección, así como otros beneficios que la tecnología pone a disposición de cualquier país: un sufragio 100% automatizado (validación del elector, captación del voto, conteo, escrutinio y transmisión de resultados).

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