El Salvador y Honduras buscan revertir la mala praxis electoral


mediumHistóricamente Centro América ha sido región de alta convulsión política. Por ello sus sistemas electorales están llamados a jugar un papel preponderante a la hora de mantener la paz política y social. Si bien esta realidad debería haber impulsado la implementación de modelos de votación seguros y transparentes, en los últimos dos años, tanto en El Salvador como en Honduras, las sospechas y los problemas no han permitido avanzar en lo que respecta a confianza electoral.

Los salvadoreños suman dos elecciones seguidas: Presidenciales 2014 y legislativas y municipales de 2015, con fallas y denuncias por el escrutinio, mientras los hondureños vivieron también la renovación de la Presidencia en 2013, con fuertes dudas en los resultados, situaciones que han obligado a que en ambas naciones se intente revertir la mala praxis comicial.

En el caso de El Salvador, diversos actores políticos han solicitado al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que aplique una reingeniería al sistema de votación, que además incluya estudiar la viabilidad del voto electrónico. Este país carece de un formato de escrutinio que le permita garantizar un conteo pulcro y oportuno.

Por su parte, Honduras tampoco dispone de un proceso o mecanismo para contar los votos y totalizarlos que resguarde la voluntad popular y asegure la difusión rápida de resultados limpios, lo que ha generado fuertes tensiones. Por lo menos Honduras cuenta ya con la normativa que habilita la automatización electoral.

En aras de la necesidad de modernizar el sistema hondureño, un evento auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD), y el Instituto Nacional Demócrata (NDI) fue aprovechado para avanzar en las discusiones que le permitan superar su caduco modelo de votación.

Si bien en ambos países apenas los debates comienzan, es positivo que puedan discernir las opciones que la tecnología ofrece para apalancar la estabilidad democrática en un sistema electoral moderno, pues el sufragio electrónico ha logrado dirimir comicios con marcada polarización política, compleja infraestructura electoral, resultados cerrados y cientos de candidaturas simultáneas, sin dejar en duda los resultados.

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