Perú ante la obligación de revisar su sistema electoral


Foto: eeas.europa.eu

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La historia se repite y parece que no hay voluntad para que las cosas cambien. Esa es una de las conclusiones a la que se llega en Perú, luego que la segunda vuelta presidencial –realizada el 5 de junio- sometiera al país a la incertidumbre electoral por un escenario que puede ocurrir en cualquier elección: resultados cerrados.

Según el cómputo final de votos la diferencia entre Pedro Pablo Kuczysnki de Peruanos Por el Kambio (PPK)  y Keiko Fujimori de Fuerza Popular fue de solo 42.697 sufragios, es decir, apenas 0,48% de las selecciones válidas. Este final de fotografía –que otorgó el triunfo a PPK- se ha dado y seguirá repitiéndose en Perú o en cualquier otra parte del mundo, porque la voluntad popular es una variable capaz de generar los resultados más improbables.

Este proceso electoral dejó en evidencia el hecho que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) no estaba preparada para responder a un país ampliamente polarizado. No solo no ofreció el escrutinio al final de los comicios, sino que tardó cuatro días para emitir un boletín con un conteo matemáticamente determinante, y consumió una semana hasta entregar los resultados definitivos.

La necesidad de revisar el sistema electoral peruano es inocultable. Aunque cuenta con la legislación para modernizar el sufragio y ha diseñado un modelo de voto electrónico que viene probando desde hace años, las autoridades electorales no han sabido afrontar los retos que reviste poner en práctica la tecnología que le permita sortear exitosamente cualquier elección o cualquier resultado.

Por ejemplo, en lugar de avanzar en la implementación de la máquina de votación y fortalecer sus características de seguridad, en la primera vuelta presidencial –efectuada el 10 de abril- se debió reducir el número de circuitos automatizados. Aun así los resultados, tanto en esos comicios como en los de junio, fueron negativos.

Las razones del mal uso del voto electrónico peruano pasa porque la ONPE, que se valió de las mejores prácticas en la región para diseñar su voto electrónico, se ha hecho de la vista gorda en seguir mejorando su tecnología. A su vez, ha descuidado la logística y preparación de los comicios, hecho que en recientes elecciones se manifestó en la poca o nula información de los electores y miembros de mesa.

Si bien la candidata presidencial que perdió la contienda aceptó los resultados, los riesgos que reviste prolongar el anuncio de los resultados electorales por incapacidad de su sistema, deben ser calculados. Solo así podrá el país embarcarse en un proceso de corrección que le brinde la posibilidad de blindar su futuro electoral.

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