Argentina está a tiempo de profundizar el debate de la reforma electoral


Foto: notife.com

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Argentina se encuentra inmersa en el debate de la reforma electoral. Mientras a nivel federal están en plena discusión de la propuesta presentada por el Poder Ejecutivo, en algunas provincias también trabajan para llevar adelante cambios en las regiones. El punto en común de las negociaciones: el voto electrónico.

Al hacer un balance del camino seguido hasta ahora en el ámbito nacional, resalta que la Cámara de Diputados ya incluyó en el proyecto de Ley, un apartado legal donde se ordena que la adopción de la tecnología electoral debe ser progresiva, estableciendo en principio que entre 30% y 50% de los distritos usen un modelo automatizado para 2017, y que sea en 2019 cuando se alcance su aplicación en todo el país.

Unido a la cláusula de gradualidad, está la decisión de que el país instaure la Boleta Única Electrónica (BUE), modelo empleado en Salta, Santa Fe y Buenos Aires, que ha tenido un desempeño mixto, pues en algunos procesos ha funcionado relativamente bien, pero siempre ha sembrado dudas sobre la capacidad que tiene de salvaguardar la voluntad popular.

Estos dos aspectos contenidos en la reforma electoral generan incertidumbre y preocupación. Si bien los estándares internacionales advierten de la necesidad de instrumentar la automatización de manera progresiva, en el caso de Argentina, el país suma varios años empleando parcialmente la tecnología, por lo que resulta contradictorio seguir dilatando su aplicación.

Un punto que además luce poco atendido hasta ahora es el referido a la necesidad de exigir que cualquier tecnología a ser seleccionada debe ser 100% auditable. Apenas trascendió que la Cámara Nacional Electoral (CNE) firmó un convenio con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para “mejorar” el control sobre la boleta electrónica, pero nada se sabe de cómo se cumplirá con la premisa.

Atendiendo esta realidad, hay puntos que inquietan y que deberían recibir mayor atención de los actores políticos: ¿Por qué solo automatizar el escrutinio y no todo el proceso de votación? ¿Por qué seguir enfocados en aplicar la tecnología en algunas regiones y no ir más allá? ¿Por qué se dice poco de las auditorías de la BUE?.

Con la negociación en pleno fragor, Argentina está a tiempo de profundizar el debate, porque no solo se trata de dar un paso adelante en el uso de la tecnología electoral, sino que a la par se seleccione el modelo automatizado más seguro y efectivo para el país.

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