Un Haití estancado espera por una renovada ayuda internacional


elecciones-haitiLas elecciones del 20 de noviembre en Haití dejan una lección: aún se esperan mejoras para un país que arrastra tareas de reconstrucción desde 2010 –año en que un devastador terremoto dañó buena parte de su infraestructura y mató a cientos de personas. Nada ha cambiado, porque desde esa fecha realiza comicios plagados de problemas , sin que la ayuda internacional haya sido suficiente.

Esta nación arrastra profundas dificultades por atraso tecnológico y logístico, además de una frágil institucionalidad, que han obligado en variadas ocasiones a postergar votaciones y a establecer un gobierno provisional, pero ahora, que superó esta elección general –aunque los resultados preliminares apenas fueron anunciados y desataron denuncias de fraude-, llegó el momento de encaminarse a un proceso de transformación electoral para salvar su democracia.

La tarea trasciende al apoyo económico -que sin duda es imprescindible- y es que la colaboración foránea debe estar orientada no solo al acompañamiento para configurar un nuevo marco institucional, sino también a que empresas desarrolladoras de sistemas electorales automatizados aporten ideas e insumos para que Haití no se deje vencer por el desastre y se afiance en el camino democrático de la mano de la tecnología.

A la luz de lo que ha ocurrido en las más recientes elecciones –varios candidatos perdedores preparan acciones legales contra los resultados-, es necesario dejar atrás el ineficiente modelo de voto manual que se ha utilizado históricamente. La razón es que además de ser poco transparente, es sumamente costoso. Según la Encuesta Global de Costos de Elecciones, desarrollada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la Fundación Internacional de Sistemas Electorales,  el costo por votante en Haití es de $11, lo cual representa un exabrupto, dado el nivel de pobreza que muestran las arcas de este país.

La comunidad internacional tiene la misión de seguir respaldando a los haitianos, pero con mayor esfuerzo, de manera que el país pueda procurarse un método de votación que le permita rescatar la confianza comicial y viabilizar el sufragio en los próximos años. Está claro, que sin elecciones transparentes y seguras que arrojen gobernantes legítimos, esta nación caribeña seguirá perdiendo.

Haití está estancada. La ayuda externa debe ser renovada para apalancar las instituciones, que podrían ver en la tecnología una luz al final del túnel en materia electoral.

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