Llueven críticas por costo del voto manual en México

Foto: Pixabay

En 2018, los mexicanos vivirán la elección más grande de su historia cuando realicen simultáneamente tres comicios federales y 30 locales. A pesar de la complejidad del proceso lo que está generando más reacciones contrarias es el gasto estimado para los comicios.

El presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), Lorenzo Córdova, admitió que pedirán 25,4 mil millones de pesos, el presupuesto “más alto de la historia”. Córdova justificó el monto aduciendo que del total, 18 mil 256 millones de pesos serán para el gasto operativo del organismo, y 6 mil 788 millones de pesos serán para el financiamiento a los partidos políticos y candidatos independientes.

Atendiendo la demanda de recursos, los analistas calculan que el voto por cada mexicano tendrá un costo de 245 pesos, que representan unos 12,5 dólares, mientras el INE lo cifra en 205 pesos, es decir 10,75 dólares. En ambos casos, el monto convierte al sufragio manual de esta nación en uno de los más caros del mundo, pese a que el nivel de tecnificación no mejorará al seguir siendo manual.

Las principales críticas pasan por la cuantiosa suma de recursos que asignará el INE a los partidos políticos, así como que la relación costo de la elección y confiabilidad de los resultados no se corresponde con el sacrificio fiscal que supone la inversión.

Al valorar las apreciaciones sobre el presupuesto electoral en México, vale acotar la Encuesta Global de Costos de Elecciones, desarrollada por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo y la Fundación Internacional de Sistemas Electorales, donde se advierte que el menor costo comicial -entre $1 y $3- lo tienen países con democracias consolidadas como Australia y algunos estados de Estados Unidos. Por otro lado, naciones con voto automatizado como Venezuela y Brasil invierten entre $3 y $3,5 respectivamente.

México se sitúa así dentro del grupo de democracias con sistemas manuales de votación, que tienden a tener un gasto por elector más elevado.

A la luz de estas cifras los actores políticos y especialistas en la materia deberían depurar el debate. En lugar de concentrarse en cuestionar el financiamiento de los partidos, resultaría propicio abrir la discusión sobre la necesidad de modernizar el voto.

La experiencia indica que aunque la automatización del sufragio requiera inversiones importantes durante la adopción de la tecnología, el empleo de la misma supone un ahorro en el mediano y largo plazo, ya que el gasto posterior a la inversión inicial se concentra en mantenimiento y actualizaciones. A México le queda un largo camino por recorrer, pero las próximas elecciones pueden ser un punto de partida.

Anuncios

El voto electrónico es ahorro para el futuro

Foto: Posicionamiento Eficaz

Foto: Posicionamiento Eficaz

El costo de implementar el voto electrónico, suele ser usado como un elemento para desestimular su aplicación, y en casos menos afortunados, para atacar la automatización. Sin embargo, cuando países como Perú y Colombia llaman la atención de sus gobiernos para que autoricen los recursos que transformarán sus elecciones, resulta oportuno aclarar la ventaja que ofrece la tecnología electoral para ahorrar en el futuro.

Es lógico suponer que las elecciones cuando son confiables, seguras, auditadas y validadas por todos los actores políticos, resultan más costosas. Aunado a ello, si se cuantificase cuánto cuestan las crisis que derivan de elecciones donde los resultados no son legítimos, la visión sobre el supuesto alto costo del voto electrónico, cambiaría considerablemente.

Los expertos aseguran que aunque el voto electrónico tiene una alta inversión en su implantación, representa un ahorro a largo plazo. La apreciación parte del hecho de que la instrumentación requiere desembolsar una considerable suma de dinero en la adquisición del software y hardware, formación del recurso humano y en la capacitación de los ciudadanos al nuevo modelo de sufragio.

Sin embargo, tras el salto a la automatización, la experiencia indica que los gastos disminuyen considerablemente debido a que los importes para los siguientes procesos se traducen en mantenimiento de la plataforma tecnológica, no en su adquisición. A esto hay que añadir, que se suprimiría el alto costo de la impresión de boletas, adecuación de miles de mesas, así como la contratación de personal para desplegar los comicios.

Esta situación la ilustra perfectamente Honduras, donde el debate por la adopción del voto electrónico pasa por garantizar resultados exactos, pero también por disminuir la inversión de recursos públicos en las elecciones. El magistrado del Tribunal Supremo Electoral Denis Gómez afirmó que “una ventaja del voto electrónico es que el TSE se ahorraría el costo de impresión de papeletas, que absorben aproximadamente un 30% del presupuesto electoral. Solo para los próximos comicios, el ente colegiado imprimirá 32 millones de papeletas para los tres niveles electivos”.

Por su parte, la gerente de Sistemas e Informática Electoral de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) del Perú, Jorge Luis Yrivarren, aporta que con el voto electrónico se disminuyen o eliminan costos en los locales de votación de los distritos electorales, ya que no emplea papel y se reduce el número de mesas de sufragio. Sostiene que la capacidad de votación que tiene una mesa electrónica es superior a la de una mesa tradicional o manual en donde hay una capacidad máxima de 200 electores peruanos.

Cuando se debate sobre automatización electoral, muchos hacen foco en el gasto, pero no reconocen la positiva relación costo-beneficio que trae a la Democracia. El voto electrónico ha demostrado en múltiples países, como Brasil, India, Venezuela y Estados Unidos, que bien vale la inversión para resguardar la voluntad popular y garantizar que cada voto escrutado cuente y se respete.