El Salvador suspende modernización electoral

El Salvador, una de las democracias que demandan mayor atención en la región por la violencia política que la ha afectado durante años, ha decidido suspender el uso de tecnología para la organización de las elecciones de 2018. Esta decisión pone en riesgo la transparencia de las elecciones a celebrarse el 4 de marzo del próximo año.

De acuerdo al Tribunal Supremo Electoral (TSE), la medida responde principalmente al recorte presupuestario aplicado por el Gobierno. Según la magistrada Guadalupe Medina, la disminución de $14 millones 116 mil 490 a su planificación de gastos “han tocado el corazón del proceso electoral, las fibras sensibles del proceso”.

El dramatismo de la declaración obedece a que los primeros reportes del TSE arrojan que la falta de recursos afectará procesos clave de la elección: la modernización del proceso de transmisión, procesamiento y divulgación de resultados electorales, la capacitación electoral y logística electoral.

El magistrado del TSE, Miguel Ángel Cardoza, explica que se habían programado licitar la compra de un escáner para el conteo de votos, así como para continuar con la digitalización de las actas, pero el plan debió ser descartado por la falta de fondos.

Llama la atención que el gobierno de El Salvador decidiera sacrificar la modernización de la fase de escrutinio, pues en todas las elecciones recientes, como los comicios de diputados y alcaldes en 2015 y las presidenciales de 2014, problemas propios del voto manual (inconsistencias numéricas, sufragio doble, entre otros) y fallos atribuibles a las empresas escogidas para escanear las actas y transmitirlas a un centro de cómputo, obligaron al TSE a retrasar semanas la publicación  de resultados definitivos.

Cardoza advierte que tendrán que volver a contar votos manualmente y confiar que el escaneo de actas esta vez sí funcione, para evitar que se repitan todos los problemas y fallos.  Advierte que solo queda fortalecer la capacitación del personal de las mesas, pero admite que los recursos destinados a esta etapa también fueron recortados.

A la luz de las exigencias propias de un proceso electoral, e incluso de las buenas prácticas del uso de tecnología, lo sucedido en El Salvador exige revisión. Arriesgar la estabilidad política, al pasarse por alto necesidades vitales de toda elección, así como de la adopción de sistemas automatizados adaptados a sus necesidades, solo puede dejar a la deriva la voluntad popular y hacerle daño a la confianza institucional.

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El Salvador y Honduras buscan revertir la mala praxis electoral

mediumHistóricamente Centro América ha sido región de alta convulsión política. Por ello sus sistemas electorales están llamados a jugar un papel preponderante a la hora de mantener la paz política y social. Si bien esta realidad debería haber impulsado la implementación de modelos de votación seguros y transparentes, en los últimos dos años, tanto en El Salvador como en Honduras, las sospechas y los problemas no han permitido avanzar en lo que respecta a confianza electoral.

Los salvadoreños suman dos elecciones seguidas: Presidenciales 2014 y legislativas y municipales de 2015, con fallas y denuncias por el escrutinio, mientras los hondureños vivieron también la renovación de la Presidencia en 2013, con fuertes dudas en los resultados, situaciones que han obligado a que en ambas naciones se intente revertir la mala praxis comicial.

En el caso de El Salvador, diversos actores políticos han solicitado al Tribunal Supremo Electoral (TSE) que aplique una reingeniería al sistema de votación, que además incluya estudiar la viabilidad del voto electrónico. Este país carece de un formato de escrutinio que le permita garantizar un conteo pulcro y oportuno.

Por su parte, Honduras tampoco dispone de un proceso o mecanismo para contar los votos y totalizarlos que resguarde la voluntad popular y asegure la difusión rápida de resultados limpios, lo que ha generado fuertes tensiones. Por lo menos Honduras cuenta ya con la normativa que habilita la automatización electoral.

En aras de la necesidad de modernizar el sistema hondureño, un evento auspiciado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD), y el Instituto Nacional Demócrata (NDI) fue aprovechado para avanzar en las discusiones que le permitan superar su caduco modelo de votación.

Si bien en ambos países apenas los debates comienzan, es positivo que puedan discernir las opciones que la tecnología ofrece para apalancar la estabilidad democrática en un sistema electoral moderno, pues el sufragio electrónico ha logrado dirimir comicios con marcada polarización política, compleja infraestructura electoral, resultados cerrados y cientos de candidaturas simultáneas, sin dejar en duda los resultados.

El Salvador ante el abismo electoral

Salvadoreños sin resultados electorales.

Salvadoreños sin resultados electorales.

La nación centroamericana de El Salvador acudió a las urnas –este 1° de marzo- para renovar autoridades legislativas y municipales. Aunque la jornada transcurrió con normalidad, la etapa crucial del escrutinio de votos se convirtió en una verdadera pesadilla, pues pasados varios días de los comicios, aún no existen resultados oficiales, y el país se encuentra ante el abismo electoral.

El Tribunal Supremo Electoral (TSE) debió quebrantar la promesa de publicar “resultados preliminares” horas después del cierre de las mesas, pues la empresa contratada para diseñar el software para la divulgación de los resultados, Soluciones Aplicativas (Saplic), no pudo cumplir con su obligación, despojando al país de la posibilidad de culminar unas elecciones que no pusieran en riesgo al estabilidad institucional y democrática.

El TSE anunció que en un plazo de dos semanas es que podrá publicar los resultados finales y oficiales de los comicios, pues fallas técnicas previamente detectadas, pero que no fueron corregidas por la empresa, impidieron que el programa informático “visualizara las actas” que contenían la asignación de votos por partidos, y permitir su transmisión para el conteo preliminar.

El precario desempeño de la empresa llevó en las últimas horas al presidente del TSE, Julio Olivo, a denunciar irregularidades premeditadas: “yo me atrevo a decir que hubo sabotajes porque tengo indicios”, dijo ante la Fiscalía.
Mientras las autoridades desentrañan lo que ocurrió, se plantea la tesis de que el origen de todos los males en El Salvador, fue la licitación donde se le otorgó a Saplic el contrato para llevar adelante el programa que permitiera la divulgación de los resultados electorales.

Aunque se presentaron empresas de reconocida experiencia en tecnología electoral, pues cuentan con una amplia trayectoria internacional automatizando diversas etapas comiciales, o incluso garantizando elecciones 100% automatizadas de manera exitosa, se optó por seleccionar una compañía local “sin tener garantías sobre su experiencia y desempeño más que la palabra de asesores técnicos”. Los medios locales señalan que magistrados del TSE consultados admitieron que seleccionaron a Saplic “de buena fe”, ya que al no tener formación ni experticia en informática, siguieron recomendaciones de los especialistas consultados.

El expresidente del TSE, Eugenio Chicas, también enfiló contra la empresa y el propio organismo electoral, al afirmar que la selección de Saplic fue una decisión irresponsable, pues no estuvo basada en criterios técnicos.

A la luz del avance de la tecnología, e incluso de las buenas prácticas del voto electrónico, lo sucedido en El Salvador es inaceptable, y exige rectificación. Arriesgar la estabilidad política, al pasarse por alto elementos vitales de una licitación, así como de la adopción de sistemas automatizados, solo puede dejar a la deriva la voluntad popular y hacerle daño a la confianza institucional.