Colombia con mucho que mejorar en materia electoral

Foto: El País

Colombia votó este 11 de marzo para elegir Senadores y representantes a la Cámara de Representantes para el periodo 2018-2022. Los comicios ampliamente reseñados como los más pacíficos en años, dejaron un balance que debe ser considerado para futuras elecciones, incluidas las presidenciales que se efectuarán el 27 de mayo.

En principio, a 20 días de la votación, resulta contraproducente que los colombianos sigan sin conocer el escrutinio definitivo de las elecciones. En este país los anuncios realizados la noche de la votación corresponden a un conteo no oficial. Este preconteo es de carácter informativo y carece de validez frente a la totalización oficial que se divulga semanas después.

Aunque en muchas ocasiones este retraso ha minado la confianza ciudadana, es poco lo que Colombia pueda hacer mientras mantenga un modelo de voto manual que impide agilizar y asegurar un escrutinio transparente al cierre de la elección.

Otro punto a destacar de la reciente jornada, fue la inédita falta de tarjetones para las consultas interpartidistas. Las dos tendencias que disputaron las candidaturas presidenciales denunciaron cómo en diferentes localidades del país, sus seguidores no pudieron ejercer el derecho al sufragio.

La gravedad de la situación fue atendida improvisadamente por la Registraduría. La máxima autoridad del ente, Juan Carlos Galindo, achacó los faltantes al bajo presupuesto -solo se imprimieron 15 millones de tarjetones para cada consulta, cuando los electores convocados superaban los 36 millones-, pero el ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas, lo negó al decir que “este año se destinó 76 % más de dinero del que se giró hace cuatro años”.

Independientemente de las razones esgrimidas por el ente comicial, la realidad es que un número indeterminado de electores no pudo participar en las consultas internas de los partidos, lo que supone una violación a los derechos de estos votantes.

Estos dos elementos claves en el proceso del 11 de marzo, fueron aludidos en el informe de la Misión de Observación Electoral, instancia que además destacó varios aspectos “preocupantes” de la elección:

1.- El alza de de reportes ciudadanos sobre posibles irregularidades electorales (1.521), mientras en las pasadas elecciones del Congreso en 2014 sumaron 1.001.

2.- Compra y venta de votos.

3.- Constreñimiento al elector.

4.- Desconocimiento de los procedimientos por parte de los jurados de votación.

5.- La decisión de separar las dos consultas partidistas en sendos tarjetones, pues la misma puso en riesgo el derecho de Habeas Data de los Ciudadanos, es decir, la confidencialidad de las preferencias electorales de los votantes.

Algunos de los hechos ocurridos el pasado 11 de marzo no son nuevos. En el pasado Colombia ha admitido los problemas que presenta su modelo de voto manual, pero es poco lo que ha hecho para superarlos. Por ejemplo, en marzo de 2012, conformó una comisión asesora para la implementación del voto electrónico que fue reglamentado hace años, sin embargo, más de un lustro después, mantiene en el congelador la salida que le ofrece la tecnología.

 

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