Piden más tiempo para la reforma electoral española

Aunque desde mayo pasado la subcomisión del Congreso que evalúa la reforma de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General (LOREG) está trabajando, ha planteado una prórroga de seis meses para continuar con la labor. La solictud dilatará los eventuales cambios que buscan fortalecer el sistema de votación español. Aquí la nota.

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El voto electrónico para emigrantes va tomando fuerza en España

Foto: Dokumentalistas

El voto de los emigrantes suele levantar polémicas en muchos países, no solo porque las leyes de diversas naciones limitan el ejercicio de este derecho político, sino además porque la logística que demanda el acceso al sufragio de estos electores, muchas veces obstaculiza la votación.

Para darle un giro a esta realidad, España busca soluciones, y el voto electrónico es evaluado como uno de los medios con el que se pueden superar las limitaciones que excluyen a los ciudadanos que deciden hacer vida fuera de su país de origen.

A comienzos de este año los catalanes reclamaron la falta de legislación que rija la participación política de los emigrantes, así como la ausencia de un mecanismo tecnológico que erradique las dificultades que reviste organizar comicios fuera del territorio nacional.

Más reciemente, la Junta Electoral Central ha hablado sobre la necesidad de rescatar los derechos políticos de los residentes en el exterior, mediante un proyecto de voto electrónico.

El presidente del organismo, Carlos Granados, ha propuesto se instaure un modelo automatizado para suplir las dificultades que tienen los españoles en el extranjero para poder votar. La mención  fue hecha ante la comisión que estudia la reforma del sistema electoral.

Para Granados, aunque el vigente voto rogado –el elector debe comunicar previamente su voluntad de votar- es constitucional, el mismo ha supuesto retrasos y trámites que han minado la participación. Anticipa Granados que buscan cambios legales que permitan usar la tecnología electoral como una alternativa a las vías convencionales del sufragio por correo o presencial en consulados, los cuales deberían mantenerse aunque “mejorados”.

Lo dicho se hace eco de los reclamos recurrentes de los electores en el extranjero, pues usualmente hay obstáculos de orden técnico y logístico que frenan el ejercicio democrático. Algunos son la recepción de material electoral erróneo en las representaciones diplomáticas o la ubicación distante de los centros electorales, que suelen ser consulados o embajadas. También enfrentan dificultades para registrarse y validar su condición de votantes, principalmente por la exigencia de algunas de naciones de tener residencia legal o por temor a revelar su estatus migratorio.

Ante esta realidad, España tiene frente a sí una buena oportunidad de abrir la puerta a un cambio. Con éste no sólo viabilizaría la participación política de todos sus ciudadanos, sino que dejaría servida la mesa para que el país seleccione el modelo de votación electrónica más seguro y efectivo para toda la República.