Chile pone en espera la modernización de su sufragio

Foto: El Mostrador

En diciembre pasado Chile vivió su más reciente proceso electoral. Lamentablemente, una vez más se registró la apatía electoral que arrastra desde hace años esta nación. Sin importar los comicios que se estén celebrando, los electores chilenos simplemente optan por quedarse en casa, un fenómeno que debilita al sistema democrático.

En el caso de esas elecciones – la segunda vuelta presidencial-, el Servicio Electoral de Chile, Servel, reportó que solo acudieron a las urnas 6.325.858 votantes de un padrón de 14.308.151, lo que indica que 55,78 % del padrón no ejerció su derecho al sufragio.

Estos números han generado por años llamados a la renovación del sistema electoral, porque si bien los comicios transcurren sin mayores problemas técnicos, la poca disposición de los votantes a participar obliga a revisar a profundidad el modelo con el que cuenta el país.

En marzo de este año, Servel convocó a una licitación pública para obtener un “estudio comparado entre las diversas experiencias aplicadas en el resto del mundo” sobre voto electrónico, y que los proveedores presentaran el hardware y software del que disponen para automatizar el sufragio. Las autoridades estiman que utilizar tecnología facilitará la votación e incrementará la participación.

De acuerdo a la convocatoria, el país admitió la necesidad “de ampliar la participación ciudadana en los eventos eleccionarios sometidos a votación popular”, y que “el voto electrónico y sus distintas variantes puede ser un avance en términos de la universalidad”, ya sea con la automatización del sufragio anticipado, o introduciendo tecnología a las mesas receptoras, de manera de facilitar la acción del voto y etapas claves como el conteo y la totalización.

Aunque en principio el llamado generó buenas expectativas, e incluso varios análisis para dejar claro que Chile requiere dar paso a la tecnología para mejorar el sufragio y abaratar costos, a la postre el Servel revocó el proceso licitatorio sin mayores explicaciones.

Algunas reseñas sugieren que el concurso público fue suspendido porque se buscaba mejorar las condiciones técnicas exigidas a las empresas y a la tecnología, mientras otras fuentes dieron por descontado que el proyecto fue engavetado.

Indistintamente de cuál versión sea la correcta, la realidad es que la apatía comicial que padece este país pone en riesgo la legitimidad de las autoridades, y puede ser caldo de cultivo para futuros conflictos políticos.

El recién electo presidente Sebastián Piñera, junto a la Fundación Avanza Chile presentaron el año pasado un proyecto que proponía el voto electrónico “anticipado”, con el fin de incrementar la participación ciudadana.

Esta iniciativa, al igual que la intención de licitar sobre la materia, abrieron la puerta a que el país exalte sus fortalezas –estabilidad democrática y credibilidad institucional-, facilitando con la automatización el proceso de votación a sus electores.

Chile requiere estimular la asistencia a las urnas, y la tecnología sería un aliciente. La propuesta de Piñera y la intención de licitar un proyecto de voto electrónico, crean el marco ideal para que las autoridades comiencen a pensar en la transición hacia un sufragio automatizado que motive al elector, y le depare comicios donde una amplia participación sea la regla, y no la excepción.

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Los seis pasos obligantes para una automatización electoral exitosa

Algunos modelos de voto electrónico, como el usado por Venezuela, están capacitados de imprimir un comprobante del voto automatizado en papel.

Algunos modelos de voto electrónico, como el usado por Venezuela, están capacitados de imprimir un comprobante del voto automatizado en papel.

Ahora mismo hay un grupo de países de la región enfocados en automatizar sus sistemas  electorales. Esta medida trascendental para cualquier nación, amerita tomar decisiones que marcarán el éxito o fracaso en el uso de la tecnología, por lo que resulta imperioso que las autoridades consideren seguir pasos vitales para superar el reto de darle un viraje a la forma como se ejerce el voto.

Entre los países que buscan modernizar sus sistemas comiciales están Argentina, Ecuador, Perú, República Dominicana y Colombia. Todos en distintos niveles de avance, trabajan siguiendo sus propias reglas, pero no está demás revisar las mejores prácticas para llevar adelante sin tropiezos, o al menos sin errores costosos, el objetivo de darle un nuevo ritmo vital al centro de la Democracia: el voto.

Los casos exitosos de automatización en el mundo han tomado previsiones, que ameritan que las autoridades, a la hora de elegir la tecnología electoral, se ajusten a lo que sea más conveniente para su sistema. Ninguna garantía sobra, por el contrario, el ser exhaustivo blindará el proceso de implementación, y por ende el modelo de voto electrónico seleccionado.

Algunas recomendaciones de los expertos desgranan fases ineludibles:

1.- Para asegurar la confianza en el nuevo sistema, es imprescindible  una adopción de la nueva tecnología  de cara al país en todas en todas sus etapas (creación del marco legal regulatorio, búsqueda y selección del sistema, pruebas, licitación), de manera que no quede ningún aspecto oculto a la ciudadanía. Además la aplicación debe ser gradual y con una amplia campaña de información y capacitación.

2.- Es primordial adelantar una licitación apegada a los más elevados estándares, es decir, que considere una convocatoria internacional de proveedores de tecnología electoral, que prueben su experiencia en la materia y que sean capaces de ofrecer un modelo de voto electrónico flexible y ajustado a las necesidades legales, técnicas, financieras, e incluso de idiosincrasia de la nación. Una elección implica alinear incontables factores, y una compañía sin  antecedentes en la materia no es idónea para proyectos de misión crítica.

3.- Al iniciar la búsqueda y comparación de ofertas en el mercado, es básico evaluar la infraestructura local y cualquier limitante que se pudiera presentar (servicios eléctrico, telefónico y de datos, vías de comunicación, entre otros); así como considerar la sustentabilidad del modelo automatizado (aplicabilidad en el tiempo). Se debe entender que para el éxito de la automatización se requiere más que tecnología, y allí los servicios de los que disponga el país serán determinantes para garantizar el buen funcionamiento.

4.- La selección de la tecnología debe responder netamente al interés de permitir adquirir un sistema que garantice la seguridad, secrecía y transparencia del sufragio, así como proporcionar las ventajas del voto electrónico: seguro, rápido y auditable.

5.- Aunado a la necesidad de aplicar pilotos que prueben la fiabilidad y adaptación a las características del país del modelo seleccionado, es obligatorio que el mismo sea auditable. Actualmente se dispone de tecnologías capaces de ser auditadas exhaustivamente en todas sus fases, tanto por técnicos, como actores políticos y organismos (revisión al software de las máquinas, a la infraestructura electoral y los servidores, así como de los protocolos de seguridad -firewall-, entre otros), pero lo más importante, es que además pueda ser fiscalizada por los propios electores. Esto es posible con las máquinas de votación capaces de imprimir un comprobante en papel del sufragio, con lo cual se puede verificar en caliente, que el voto registrado por el equipo es el mismo impreso.

6.- A la hora de diseñar el modelo de votación, las autoridades deben procurar facilitar el sufragio, adoptando una tecnología que se adecúe a las características de la nación. Por ejemplo, en Brasil, acostumbrados a representar las candidaturas con números, reprodujeron este elemento en las máquinas, que cuentan con un teclado numérico para hacer la selección, lo que se asemeja a como era escribir los dígitos en la papeleta tradicional.

Estas seis sugerencias no son las únicas, pero sí las más importantes para una aplicación óptima del voto electrónico. La tecnología puede ser utilizada para facilitar todas las etapas y cumplir exigencias, pero el uso correcto y masivo será lo que marque la diferencia, frente a los procesos manuales.

República Dominicana cae en su intento de modernizar el sistema de votación

República Domnicana

República Dominicana cayó en su intento de automatizar parcialmente el sistema de votación durante las elecciones generales realizadas este 15 de mayo.

Diferentes voces dentro y fuera del país, han señalado que la inobservancia  de estándares reconocidos y seguidos internacionalmente en la automatización comicial, dio al traste con el intento de modernizar el sufragio.

Para la reciente jornada, la Junta Central Electoral contrató a la española Indra Sistemas para proveer tecnología de identificación biométrica y escrutinio automatizado. Los resultados fueron claramente negativos, al presentarse inconvenientes logísticos, técnicos y de funcionamiento, tanto en los equipos para captar la huella dactilar de los votantes, como de las máquinas para contar los votos. Lamentablemente su falta de experiencia en autenticación biométrica de votantes, y de conteo electrónico de votos se hizo palpable.

La ONG Participación Ciudadana emitió un reporte donde deja constancia de los múltiples problemas presentados en los comicios, destacando que estos pasaron por retrasos en la apertura de los colegios por faltas y fallas con las unidades biométricas y de escrutinio. Detalla que hubo anomalías en 62,4% de los circuitos en el caso de los equipos de conteo y en 40,4% en la verificación de los electores, mientras “en el 30,7% de los colegios se registraron problemas en el escaneo de las boletas y en el 30.9% en la transmisión de la votación”, por lo que en 97,7% de las mesas se tuvo que hacer el conteo manual.

Atendiendo a estos resultados, la organización destaca que el escrutinio y transmisión electrónica, que eran la novedad del proceso, “se vio afectada en gran proporción por la ausencia de los equipos, por daños en los mismos y poca capacidad para solucionar los problemas (…) a tal punto que a las 10:00 PM, a cuatro horas luego de que casi todos los colegios cerraron, solo se había transmitido poco más de 20%, lo que obligó a las autoridades a disponer el conteo totalmente manual en los tres niveles (presidencial, regional y local)”.

Los problemas fueron ratificados en el informe preliminar de la misión de observación de la Organización de Estados Americanos (OEA), el cual precisa que “la principal fragilidad de la jornada estuvo en el uso de los equipos técnicos”. Indica que “en numerosos recintos faltaron equipos, no llegaron los auxiliares técnicos, o tuvieron problemas de conectividad y funcionamiento de las máquinas de verificación biométrica< y de conteo automatizado”, por lo que “la implementación del conteo manual fue lo que permitió sortear las múltiples dificultades”.

Aunado a esto, las autoridades desestimaron la importancia de realizar pruebas que permitieran corregir las fallas a tiempo, o la de optar por la aplicación paulatina de la tecnología. La propia OEA destacó la necesidad de llevar a cabo una implementación progresiva.

República Dominicana está ante la posibilidad de haber echado por la borda la confianza ciudadana y cuantiosos recursos públicos, que bien pudieron ser usados para entregarle al país un sistema de votación que no solo automatizara apenas unas etapas del proceso, sino que tecnificara y blindara toda la elección.