Paraguay avanza en la automatización, pero arriesga en la implementación

La urna brasileña tiene teclado numérico y dispositivo para identificación biométrica, pero no imprime comprobante del voto.

La urna brasileña tiene teclado numérico y dispositivo para identificación biométrica, pero no imprime comprobante del voto.

En 2013, Paraguay se unió a la élite de países con normativa electoral para la implementación del voto electrónico. A diferencia de las naciones que cuentan con la plataforma legal para automatizar el sufragio, pero cuyas autoridades se resisten a dejar atrás el voto manual (casos Perú y Colombia), este país busca dar el paso definitivo este año.

La Comisión Especial encargada de plantear modificaciones técnicas del proceso de votación para hacerlo más seguro y transparente, propuso al Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE) adoptar el voto electrónico brasileño.

La decisión, basada en la experiencia del año pasado cuando 17 mil máquinas de votación de tecnología brasileña fueron usadas en diversas provincias, coloca a Paraguay frente a la encrucijada de implementar el sistema carioca o emprender la búsqueda de un modelo de sufragio automatizado alterno.

La máquina de votación brasileña consta de una pequeña pantalla y un teclado numérico en el que el votante marca los números asignados a su candidato. Verifica su voto en la foto que aparece en la pantalla y presiona la tecla “confirmar” para sufragar. El equipo permite votar blanco o anular el sufragio tecleando números al azar y apretando “confirmar”. Para el almacenamiento de datos, la máquina dispone de dos tarjetas de memoria (flash cards) y un disco magnético. Al cierre del proceso, se imprimen varias actas con el resultado de la votación y una es grabada en el disco magnético, la cual es transmitida a un centro de totalización mediante una red segura.

Con esta modalidad de voto electrónico en mente, Paraguay está evaluando automatizar el sufragio. Esto supone una buena noticia para la democracia de ese país, que busca superar el voto manual, el preconteo y el escaneo de actas de votación de cara a los comicios de 2015. Sin embargo, al plan se le ven algunas costuras, ya que para su concreción, Paraguay deberá conformarse con máquinas obsoletas que ya no usará la nación carioca. Además, la tecnología brasileña no permite que el votante certifique que su voluntad fue recogida mediante un comprobante físico del voto.

Según las autoridades electorales, el gigante sureño puso a su disposición alrededor de 17 mil máquinas de votación que serán destruidas en los próximos días por caducas.

La decisión de automatizar el voto puede ser la oportunidad de Paraguay de erradicar los vicios electorales que han empañado por años las elecciones, pero deberá sopesar si la necesidad de modernizar el sufragio vale que se sacrifique la posibilidad de una implementación exitosa en las elecciones por venir. Cabe destacar que el ciclo de vida de la tecnología electoral es de aproximadamente 8 años.

Bajo condiciones normales, la escogencia de la tecnología más apropiada debería incluir estudios comparativos y licitaciones nacionales e internacionales para adquirir los equipos y el software.

Aunque este país ya experimentó con el sufragio electrónico brasileño obteniendo buenos resultados, aceptar la oferta de usar en las elecciones constitucionales equipos que van a ser desechados, es un riesgo que puede afectar el futuro cercano del voto electrónico paraguayo.

Piden normar voto electrónico en República Dominicana

La necesidad de optimizar el sistema electoral de República Dominicana pasa por modernizar el voto con la aplicación de la tecnología. Para llevar adelante un plan de transformación, diversos partidos políticos solicitaron una reforma legal que dé paso a la automatización del sufragio, de forma que los dominicanos pasen a contar con un voto confiable, seguro y transparente.  Aquí la historia.

El escándalo de los votos nulos en Colombia

nuloLa compra de votos, el retraso en la emisión de resultados definitivos, las dificultades para entender el tarjetón electoral y un alto nivel de abstención, son parte de las irregularidades que vienen siendo denunciadas en Colombia, tras los resultados del 9 de marzo, cuando se realizaron las elecciones legislativas.

Aunque ese inventario de malas prácticas electorales pareciera suficiente para poner en duda la efectividad del sistema electoral colombiano, los resultados de las parlamentarias profundizaron los problemas del voto manual de este país, pues el escrutinio final dio cuenta que el sufragio nulo sigue siendo una “perversión” del sistema que podría alterar la voluntad popular.

De acuerdo a la Registraduría, los sufragios nulos volvieron a representar más del 10% de los votos emitidos. Mientras en 2002 las cifras no distaban de los registros de Latinoamérica, rondando 4%, hace unas semanas se contabilizaron 1.500.000 y 1.700.000 de votos nulos en el Senado y la Cámara, respectivamente, lo que se tradujo en 11% y 14% de las selecciones.

La cifra alcanzada se equipara a lo ocurrido desde 2006, cuando la Registraduría aplicó el primer plan para hacer más amigable el tarjetón, pero los voto nulos saltaron hasta 11,2% en el senado (1.212.004), lo que se repitió en 2010, cuando también se aplicaron cambios a la papeleta, pero las selecciones nulas sumaron 1.403.913, es decir, 10,6% de los votos al senado.

El registrador nacional, Carlos Ariel Sánchez, confiado en que las nuevas modificaciones al tarjetón facilitarían el ejercicio de votar, apostó que en marzo el diseño claro de las tarjetas limitaría la ocurrencia de la nulidad de los votos. Sin embargo, tras los comicios debió reconocer que el fenómeno debía ser estudiado, lo que fue secundado por la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos, OEA.

Algunas teorías refieren que dentro del porcentaje de sufragios nulos, se cuenta el voto nulo voluntario, pero otras evaluaciones ponen en la palestra que los jurados pudieron decidir si un sufragio era nulo o no, dejando a la discrecionalidad de un pequeño grupo, la voluntad de la gran mayoría.

Con el escándalo de la nulidad del voto en plena efervescencia, Colombia está a las puertas de momentos decisivos. Ya fijó el 2018 como el año en el que automatizará el sufragio, y en el camino evaluará aplicar diferentes modelos de votación electrónica.

La Registraduría apunta a probar el Registro Electrónico Directo (DRE). En éste, no queda en manos de funcionarios el destino de cada voto, pues las selecciones son marcadas directamente por el votante en pantallas táctiles, y son guardadas automáticamente hasta el escrutinio. Ninguna autoridad electoral o tecnología tiene que interpretar la valía de un sufragio, pues las máquinas hacen todo el trabajo -registrar los votos, almacenarlos, totalizarlos y transmitirlos a un centro de cómputo.

Otra opción que baraja la Registraduría es la de emplear escáneres ópticos para automatizar el conteo. Si bien esta tecnología facilita el conteo, almacenamiento, totalización de votos y transmisión de resultados, no brinda mejoras al problema que hoy aqueja a Colombia, el registro de los votos. Los escáneres no dejan que sea el votante quien exprese de forma directa su opinión y se limitan a interpretarla.

En el futuro Colombia ya no tiene que seguir dudando de los resultados electorales. La tecnología puede ser su aliada en su intento por superar el voto manual y la desconfianza que ha generado su uso en la nación.