Chile se alista para su primera votación en medio de la pandemia

El próximo 25 de octubre Chile realizará el referendo constitucional que suspendió en abril por los  efectos de la pandemia. Para llevar a cabo la elección, pondrá en práctica un protocolo de seguridad sanitaria, que por los momentos, está dejando fuera a los electores que han dado positivo por coronavirus.

El Ministerio de Salud y el Servicio Electoral (Servel) dieron a conocer las medidas de resguardo y protección aprobadas para evitar la propagación del virus. En principio establecen que los electores contagiados con COVID-19 no están invitados a participar. La controvertida decisión está siendo debatida en el Congreso, pues se busca que todos los votantes tengan las mismas condiciones y facilidades, independientemente si están contagiados o no.

Sobre el plan de seguridad sanitaria,  el mismo incluye que el plebiscito se efectuará en una sola jornada de votación, y con horario extendido hasta 12 horas. También garantiza la entrega del kit de protección para todos los trabajadores electorales -con alcohol gel, mascarillas, guantes-, así como la decisión de que las cámaras donde se vota no tengan cortinas y que los electores puedan sufragar con su propio lápiz.

Los adultos mayores de 60 años tendrán horario exclusivo, entre las 14:00 y 17:00 horas, y en el resto del día gozarán de trato preferencial. Electores y trabajadores estarán obligadas a mantener la distancia de seguridad de un metro. El Gobierno, además decidió extender el estado de catástrofe que venció el 15 de septiembre, por 90 días más, por lo que el plebiscito se concretará en el marco de esta medida especial.

Para esta consulta, Chile descartó el uso de voto electrónico por la proximidad de la jornada, pero el proyecto de automatizar sigue en agenda. El país arrastra desde hace años una apatía electoral que sin importar los comicios que se estén celebrando, los electores simplemente optan por quedarse en casa, lo que debilita al sistema democrático.

Las autoridades están conscientes de la necesidad de modernizar su modelo de votación, por lo que adelantaron que “es deseable” aplicar reformas que pongan a tono el sufragio con los nuevos tiempos.

El plebiscito, y las exigencias que demanda la pandemia, pueden convertirse en el impulso que necesita Chile para modernizar sus elecciones.

 

Chile pone en espera la modernización de su sufragio

Foto: El Mostrador

En diciembre pasado Chile vivió su más reciente proceso electoral. Lamentablemente, una vez más se registró la apatía electoral que arrastra desde hace años esta nación. Sin importar los comicios que se estén celebrando, los electores chilenos simplemente optan por quedarse en casa, un fenómeno que debilita al sistema democrático.

En el caso de esas elecciones – la segunda vuelta presidencial-, el Servicio Electoral de Chile, Servel, reportó que solo acudieron a las urnas 6.325.858 votantes de un padrón de 14.308.151, lo que indica que 55,78 % del padrón no ejerció su derecho al sufragio.

Estos números han generado por años llamados a la renovación del sistema electoral, porque si bien los comicios transcurren sin mayores problemas técnicos, la poca disposición de los votantes a participar obliga a revisar a profundidad el modelo con el que cuenta el país.

En marzo de este año, Servel convocó a una licitación pública para obtener un “estudio comparado entre las diversas experiencias aplicadas en el resto del mundo” sobre voto electrónico, y que los proveedores presentaran el hardware y software del que disponen para automatizar el sufragio. Las autoridades estiman que utilizar tecnología facilitará la votación e incrementará la participación.

De acuerdo a la convocatoria, el país admitió la necesidad “de ampliar la participación ciudadana en los eventos eleccionarios sometidos a votación popular”, y que “el voto electrónico y sus distintas variantes puede ser un avance en términos de la universalidad”, ya sea con la automatización del sufragio anticipado, o introduciendo tecnología a las mesas receptoras, de manera de facilitar la acción del voto y etapas claves como el conteo y la totalización.

Aunque en principio el llamado generó buenas expectativas, e incluso varios análisis para dejar claro que Chile requiere dar paso a la tecnología para mejorar el sufragio y abaratar costos, a la postre el Servel revocó el proceso licitatorio sin mayores explicaciones.

Algunas reseñas sugieren que el concurso público fue suspendido porque se buscaba mejorar las condiciones técnicas exigidas a las empresas y a la tecnología, mientras otras fuentes dieron por descontado que el proyecto fue engavetado.

Indistintamente de cuál versión sea la correcta, la realidad es que la apatía comicial que padece este país pone en riesgo la legitimidad de las autoridades, y puede ser caldo de cultivo para futuros conflictos políticos.

El recién electo presidente Sebastián Piñera, junto a la Fundación Avanza Chile presentaron el año pasado un proyecto que proponía el voto electrónico “anticipado”, con el fin de incrementar la participación ciudadana.

Esta iniciativa, al igual que la intención de licitar sobre la materia, abrieron la puerta a que el país exalte sus fortalezas –estabilidad democrática y credibilidad institucional-, facilitando con la automatización el proceso de votación a sus electores.

Chile requiere estimular la asistencia a las urnas, y la tecnología sería un aliciente. La propuesta de Piñera y la intención de licitar un proyecto de voto electrónico, crean el marco ideal para que las autoridades comiencen a pensar en la transición hacia un sufragio automatizado que motive al elector, y le depare comicios donde una amplia participación sea la regla, y no la excepción.

La tecnología como salida a la apatía electoral chilena

Foto: El Mostrador

En Chile el voto es manual, y a decir verdad, poco se ha escuchado en la región sobre el sistema de votación en la nación sureña. Una de las primeras menciones destacadas data de 2012, cuando en las elecciones municipales de ese año, denuncias sobre pérdidas de hasta un millón de votos, pusieron en entredicho las papeletas para los chilenos.

Cuatro años después, la abstención crónica que padece la nación ha vuelto a colocar los reflectores sobre la necesidad de modernizar el sufragio. En las elecciones municipales de octubre pasado, la apatía comicial  marcó un pico histórico, pues de acuerdo al Servicio Electoral (Servel), solo 4 millones 931 mil 041 electores acudieron a las urnas, dejando la participación en 35% y un ausentismo de 65%.

Esta estadística ha motivado al ex presidente Sebastián Piñera y a la Fundación Avanza Chile a presentar al Gobierno un proyecto en el que propone el voto electrónico “anticipado” para futuras elecciones en Chile, con el fin de incrementar la participación ciudadana.

La propuesta permitiría adoptar un modelo automatizado de votación –no especificado-, que habilitaría el sufragio 15 días previos a la elección y cerraría cinco días antes. Estaría diseñado para comicios o plebiscitos.

Esta iniciativa abre la puerta a que el país exalte sus fortalezas –estabilidad democrática y credibilidad institucional-, facilitando  con la tecnología el proceso de votación a sus electores. Chile requiere estimular la asistencia a las urnas, y la tecnología es un aliciente porque mejora el acceso y hace más amable el proceso de votar.

En la región hay experiencias exitosas que pueden ser usadas como referencia. Brasil y Venezuela son las abanderadas de la automatización electoral en Latinoamérica y aunque emplean sistemas diferentes, exhiben tecnologías que acumulan numerosas jornadas exitosas y que son totalmente aceptadas por los sufragantes.

En el caso brasilero, el Tribunal Superior Electoral  desarrolló su propio modelo, que se basa en una máquina de teclado numérico, que al cierre del proceso, imprime varias actas con el resultado y una es grabada en un disco magnético, la cual será transmitida en red segura para la totalización en computadoras del organismo.

A su vez, en Venezuela, desde 2004 se cuenta con elecciones 100% automatizadas. Los votantes ejercen su derecho al sufragio a través de máquinas de votación Touch Screen, es decir, marcan directamente en la pantalla del equipo su voto, recibiendo un comprobante de papel, en el queda registrada su voluntad, y además son identificados con un sistema biométrico. Los equipos no solo están capacitados para captar y guardar el sufragio, sino para contarlo, totalizarlo y transmitirlo de manera cifrada.

Atendiendo a estos ejemplos, Chile apenas se está acercando a la posibilidad de cambiar su sistema electoral. La propuesta de Piñera crea el escenario ideal para que las autoridades comiencen a pensar en la transición hacia un sistema automatizado que motive al elector, y le depare comicios donde una amplia participación sea la regla, y no la excepción.