Argentina y Costa Rica retrasan la automatización electoral

mediumNaciones como Brasil y Venezuela son referencias mundiales en automatización electoral ya que suman años de exitosos procesos electorales apalancados en tecnología. En contrapartida, hay países que a pesar de sufrir las falencias y problemas del sufragio manual, han optado por dilatar el proceso de modernización de sus sistemas comiciales.

Son los casos de Argentina y Costa Rica. El primero durante 2016 avanzó en el objetivo de instaurar un sistema automatizado en el ámbito nacional, pero pese a los esfuerzos no consiguió definir el cambio; y el segundo hizo foco en la tecnología electoral, sin concretar ninguna medida.

Sobre Argentina, hay que decir que aunque pasó meses debatiendo una reforma electoral cuyo eje central era la adopción progresiva de la Boleta Única Electrónica (BUE), el proyecto fue neutralizado en el Senado.

El diario porteño La Nación, editorializó sobre el tema, poniendo de relieve las principales contradicciones de los cambios legales en materia electoral: una opinión pública que los reclame, y una clase política que los apoye. Destacó que si bien el Gobierno no generó un buen clima de opinión que presionara a los decisores, en el senado no estuvieron dispuestos a ceder “la manipulación de las boletas” que permite el voto manual.

A esto se une que la norma propuesta por el Gobierno sobre la instauración de la BUE, que es el  modelo empleado en Salta, ha tenido un desempeño bastante modesto, pues ha sembrado dudas sobre la capacidad que tiene de salvaguardar la voluntad popular.

A su vez Costa Rica decidió postergar la instauración del voto electrónico que tenía programado para 2018, debido a la falta de presupuesto. El decidió plegarse a un informe de la Dirección de Registro Electoral, donde se concluye que “no existe factibilidad económica para este proyecto al menos en el corto y mediano plazo” y que los recursos deben orientarse a otras áreas prioritarias.

Esta nación podría considerar que las experiencias de voto electrónico indican que aunque tiene una alta inversión en su implantación, representa un ahorro a largo plazo.

La apreciación parte de que se requiere desembolsar una considerable suma de dinero en la adquisición del software y hardware, formación del recurso humano y en la capacitación de los ciudadanos, pero los gastos disminuyen considerablemente debido a que los importes para los siguientes procesos se traducen tan solo en mantenimiento de la plataforma tecnológica, no en su adquisición.

Argentina y Costa Rica seguramente retomarán en 2017 el debate. Esa será la oportunidad de profundizar la discusión, porque no solo se trata de dar un paso adelante en el uso de tecnología electoral, sino que a la par se seleccione el modelo automatizado más seguro y efectivo para el país.

 

Reforma electoral argentina en la recta final

La reforma electoral propuesta por el gobierno argentino entró en su fase definitiva de aprobación. El debate ha dejado una polvareda de la cual aún no se conocen las consencuencias, pero el texto que está siendo discutido incluye la adopción dela boleta electrónica. Pulse aquí para acceder a la reseña.

Argentina está a tiempo de profundizar el debate de la reforma electoral

Foto: notife.com

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Argentina se encuentra inmersa en el debate de la reforma electoral. Mientras a nivel federal están en plena discusión de la propuesta presentada por el Poder Ejecutivo, en algunas provincias también trabajan para llevar adelante cambios en las regiones. El punto en común de las negociaciones: el voto electrónico.

Al hacer un balance del camino seguido hasta ahora en el ámbito nacional, resalta que la Cámara de Diputados ya incluyó en el proyecto de Ley, un apartado legal donde se ordena que la adopción de la tecnología electoral debe ser progresiva, estableciendo en principio que entre 30% y 50% de los distritos usen un modelo automatizado para 2017, y que sea en 2019 cuando se alcance su aplicación en todo el país.

Unido a la cláusula de gradualidad, está la decisión de que el país instaure la Boleta Única Electrónica (BUE), modelo empleado en Salta, Santa Fe y Buenos Aires, que ha tenido un desempeño mixto, pues en algunos procesos ha funcionado relativamente bien, pero siempre ha sembrado dudas sobre la capacidad que tiene de salvaguardar la voluntad popular.

Estos dos aspectos contenidos en la reforma electoral generan incertidumbre y preocupación. Si bien los estándares internacionales advierten de la necesidad de instrumentar la automatización de manera progresiva, en el caso de Argentina, el país suma varios años empleando parcialmente la tecnología, por lo que resulta contradictorio seguir dilatando su aplicación.

Un punto que además luce poco atendido hasta ahora es el referido a la necesidad de exigir que cualquier tecnología a ser seleccionada debe ser 100% auditable. Apenas trascendió que la Cámara Nacional Electoral (CNE) firmó un convenio con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para “mejorar” el control sobre la boleta electrónica, pero nada se sabe de cómo se cumplirá con la premisa.

Atendiendo esta realidad, hay puntos que inquietan y que deberían recibir mayor atención de los actores políticos: ¿Por qué solo automatizar el escrutinio y no todo el proceso de votación? ¿Por qué seguir enfocados en aplicar la tecnología en algunas regiones y no ir más allá? ¿Por qué se dice poco de las auditorías de la BUE?.

Con la negociación en pleno fragor, Argentina está a tiempo de profundizar el debate, porque no solo se trata de dar un paso adelante en el uso de la tecnología electoral, sino que a la par se seleccione el modelo automatizado más seguro y efectivo para el país.