La tecnología como salida a la apatía electoral chilena

Foto: El Mostrador

En Chile el voto es manual, y a decir verdad, poco se ha escuchado en la región sobre el sistema de votación en la nación sureña. Una de las primeras menciones destacadas data de 2012, cuando en las elecciones municipales de ese año, denuncias sobre pérdidas de hasta un millón de votos, pusieron en entredicho las papeletas para los chilenos.

Cuatro años después, la abstención crónica que padece la nación ha vuelto a colocar los reflectores sobre la necesidad de modernizar el sufragio. En las elecciones municipales de octubre pasado, la apatía comicial  marcó un pico histórico, pues de acuerdo al Servicio Electoral (Servel), solo 4 millones 931 mil 041 electores acudieron a las urnas, dejando la participación en 35% y un ausentismo de 65%.

Esta estadística ha motivado al ex presidente Sebastián Piñera y a la Fundación Avanza Chile a presentar al Gobierno un proyecto en el que propone el voto electrónico “anticipado” para futuras elecciones en Chile, con el fin de incrementar la participación ciudadana.

La propuesta permitiría adoptar un modelo automatizado de votación –no especificado-, que habilitaría el sufragio 15 días previos a la elección y cerraría cinco días antes. Estaría diseñado para comicios o plebiscitos.

Esta iniciativa abre la puerta a que el país exalte sus fortalezas –estabilidad democrática y credibilidad institucional-, facilitando  con la tecnología el proceso de votación a sus electores. Chile requiere estimular la asistencia a las urnas, y la tecnología es un aliciente porque mejora el acceso y hace más amable el proceso de votar.

En la región hay experiencias exitosas que pueden ser usadas como referencia. Brasil y Venezuela son las abanderadas de la automatización electoral en Latinoamérica y aunque emplean sistemas diferentes, exhiben tecnologías que acumulan numerosas jornadas exitosas y que son totalmente aceptadas por los sufragantes.

En el caso brasilero, el Tribunal Superior Electoral  desarrolló su propio modelo, que se basa en una máquina de teclado numérico, que al cierre del proceso, imprime varias actas con el resultado y una es grabada en un disco magnético, la cual será transmitida en red segura para la totalización en computadoras del organismo.

A su vez, en Venezuela, desde 2004 se cuenta con elecciones 100% automatizadas. Los votantes ejercen su derecho al sufragio a través de máquinas de votación Touch Screen, es decir, marcan directamente en la pantalla del equipo su voto, recibiendo un comprobante de papel, en el queda registrada su voluntad, y además son identificados con un sistema biométrico. Los equipos no solo están capacitados para captar y guardar el sufragio, sino para contarlo, totalizarlo y transmitirlo de manera cifrada.

Atendiendo a estos ejemplos, Chile apenas se está acercando a la posibilidad de cambiar su sistema electoral. La propuesta de Piñera crea el escenario ideal para que las autoridades comiencen a pensar en la transición hacia un sistema automatizado que motive al elector, y le depare comicios donde una amplia participación sea la regla, y no la excepción.

Evalúan experiencia internacional en automatización

El gobierno chileno ha iniciado la revisión de la experiencia internacional en voto electrónico, a los fines de dar pasos en la búsqueda de un modelo que permita revertir los altos niveles de abstención que presenta el país. Aquí la historia.

Abstención y problemas logísticos empañan elecciones chilenas

Este 23 de octubre, durante las Elecciones municipales en Chile, la abstención marcó un pico histórico.

De acuerdo al Servicio Electoral (Servel), solo 4 millones 931 mil 041 electores acudieron a las urnas, dejando la participación en 35%. El elevado ausentismo (65%) puso bajo la mirada crítica estas elecciones, pues el sistema democrático comienza a adquirir sentido solo cuando los ciudadanos habilitados para votar participan activamente en la elección de sus representantes.

Aunado a la baja participación se presentaron otros problemas que dejaron en entredicho la capacidad organizativa de Servel. Por un lado las papeletas de votar eran excesivamente grandes, lo que dificultaba el manejo de las mismas. Según reportó la prensa local, los votantes tuvieron problemas para entender el diseño de las boletas, para manejar los tarjetones durante la votación (doblaje) o simplemente para introducirlas en las urnas. Además, hubo deficiencias logísticas como retrasos en la instalación de mesas electorales, que dificultaron el ejercicio del voto a muchos ciudadanos.

Culminada la elección, los actores políticos y los medios de comunicación se han enfocado en el impacto político de la contienda. Tal es el caso de la presidenta Michelle Bachelet quien luego de ver su coalición partidista perder apoyo admitió que el país exige mejores servidores públicos. Sin embargo, más allá de lo estrictamente político la realidad es que la marcada abstención amerita un amplio análisis que incluya la búsqueda de un modelo de votación que facilite el acceso al sufragio.

La democracia se legitima y consolida a través del voto. Los mecanismos electorales auditables, transparentes y de fácil compresión para los votantes, son los aliados perfectos para vencer la abstención y los problemas que hoy empañan la democracia chilena. A través de su silencio los chilenos exigen que las autoridades asuman el reto de modernizar el sufragio.