Los vicios y fallas del voto manual incendian Honduras

Foto: Estrategia & Negocios

El domingo 26 de noviembre Honduras realizó elecciones generales. Lamentablemente, tras nueve días de conteo, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) no ha podido proclamar al vencedor debido a múltiples fallas en el procesamiento de los votos.

En vista de la escasa entre los dos candidatos más votados (1,5% del padrón), y a la luz de la gran cantidad de denuncias de fraudes e irregularidades (inconsistencias numéricas en las y carga errada del escrutinio), el TSE está llevando a cabo un reconteo que ha dilatado más de una semana el proceso y ha provocado un terremoto político.

Este episodio pone al desnudo, una vez más, la obsolescencia del sistema electoral hondureño, y deja en evidencia cómo el voto manual puede retrasar la publicación de resultados y afectar la credibilidad de las instituciones.

Para peores males, la violencia se apoderó de muchas regiones del país, lo que llevó a las autoridades a declarar un toque de queda. Muertes, saqueos, quema de vehículos, desordenes y otras formas de protesta se prolongaron durante días, agravando los pronósticos sobre la estabilidad de la democracia hondureña.

Secuencia de eventos infortunados

El mal desempeño del escrutinio manual se vivió desde las primeras horas del proceso, cuando el Tribunal Supremo Electoral anunció que no podría comunicar el resultado del conteo porque la información de la que disponía no era suficiente. Acto seguido, dos de los candidatos – el presidente Juan Orlando Hernández y Salvador Nasralla– se dieron como ganadores, y los problemas no pararon.

Los primeros datos se ofrecieron casi 48 horas después de los comicios, luego de un lento cómputo de menos de 60% de las papeletas que lejos de aclarar el panorama, enrareció el proceso.

En los días siguientes se registraron diversas situaciones que aumentaron las dudas. Por ejemplo, tras el primer boletín en el que el opositor Nasralla aventajaba en casi cinco puntos a Hernández, la página del TSE dejó de actualizarse por casi 36 horas y a las pocas horas cuando volvió a estar en línea, el resultado se había revertido.

Seguidamente otro fallo técnico del portal del Tribunal Electoral volvió a suspender la publicación de resultados, y desde allí la desconfianza fue total para el candidato que está en segundo lugar, los grupos que lo apoyan, y buena parte del electorado.

Nasralla acusa al partido de Gobierno de haber cometido fraude, y asegura que 5 mil 173 actas son la prueba de las irregularidades que le están arrebatando el triunfo. Para explicar la forma de cómo fue alterado el escrutinio, pidió audiencia con la misión de observadores de la Organización de Estados Americanos (OEA).

Esta petición abre un nuevo episodio en Honduras. Las elecciones terminaron y el escrutinio también, pero el proceso comicial sigue en proceso, a la espera de que el vencedor sea proclamado.

Por ahora el TSE defiende el modelo de votación, pero hay que recordar que hace unos meses estalló un escándalo que dejó mal parado el sistema de Transmisión de Resultados Preliminares (Trep) y el Sistema Integrado de Escrutinio y Divulgación de Resultados (Siede), el primero se encarga de transmitir, vía telefónica, a un centro de cómputo el resultado del conteo manual, y el segundo permite el escaneo y transmisión de actas electorales a través de internet.

Ambos modelos tecnológicos vienen usándose desde hace varios años, el Trep desde 2009 y el Siade desde 2012, con diversos problemas y generando desconfianza, pero este año se supo del origen de los contratos suscritos por el TSE con empresas como Mapa Soluciones, Geotech, Intelred y Corporación Majo, que violan las mínimas normas y garantías en la entrega de contratos públicos.

Ante las denuncias, y lo ocurrido tras las generales del 26 de noviembre, es evidente que en Honduras la transparencia en el manejo del sistema electoral es precaria. El país enfrenta un momento decisivo: o se encamina a depurar los procesos y transforma el modelo de votación, o terminará afectando sin remedio la credibilidad institucional y la confianza ciudadana.

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Nueva legislación electoral en Honduras

Una nueva legislación electoral tiene Honduras. El marco normativo descartó para las elecciones de 2018 usar voto electrónico y aplicar la segunda vuelta, por lo que los electores de esta complicada nación centroamericano tendrán que esperar para la puesta en marcha de una reforma que permita dejar atrás las grandes fallas del sufragio manual. Lea aquí la nota.

Honduras experimenta con tecnología en las primarias de marzo

Foto: La Prensa

Foto: La Prensa

Honduras se prepara para usar dos tecnologías diferentes en las primarias del 12 de marzo. El ensayo determinará qué tipo de elección tendrá el país en las generales de noviembre de este año: una votación manual o el uso de dispositivos para el escrutinio y difusión de resultados.

La adopción de tecnología para mejorar la experiencia del voto, es aceptada y promovida por ser la mejor opción para elevar las garantías electorales. Sin embargo, la decisión por sí sola no basta, pues –como se repite constantemente en este blog- el proceso de escogencia y aplicación de la tecnología electoral juega un papel determinante, y en el caso hondureño, la selección del modelo de escrutinio dejó mucho que desear. Tanto, que el Consejo Nacional Anticorrupción anunció que abrirá una investigación al TSE, por supuesta compra irregular de equipos de escaneo de votos.

A la fecha, es mínima la información divulgada sobre los equipos que se emplearán y la empresa detrás de las máquinas. Las declaraciones de funcionarios y de los propios partidos han sido escasas a la hora de presentar las características e idoneidad del sistema, pero algunos candidatos, como el liberal Luis Zelaya, advierten de los riesgos.

“Lo he manifestado y se lo manifestaré a la OEA, que el primer acto de corrupción de un país son sus elecciones y por eso le exigimos a la OEA que más que un rol de ser testigos y observar las elecciones, necesitamos que se certifique el sistema de captura, transmisión y procesamiento de los datos”, señaló.

Por su parte, el magistrado del TSE, Marco Ramiro Lobo, ha dicho que “se va a implementar tecnología para que el escrutinio se practique de manera automatizada y tratar de sacar las manos del conteo por parte de los delegados de los partidos”.

Es así como los 5,8 millones de hondureños llamados a las urnas para elegir aspirantes a unos 2.990 cargos, verán como el Tribunal Supremo Electoral pondrá en marcha dos mecanismos tecnológicos.

El primero, que se usará solo en Tegucigalpa y San Pedro Sula (concentran 40% del padrón) es un modelo de escrutinio llamado Reconocimiento Óptico de Marcas, que se basa en la tecnología de Lectura Óptica del Voto (LOV), que es una urna con lector óptico o escáner, que se encarga de reconocer la boleta de papel introducida manualmente en la máquina para registrar los sufragios emitidos manualmente por los electores y procesarlos.

Para llevar adelante el proceso se compraron, en medio del hermetismo, los equipos a la compañía colombiana Arolen, lo que fue enrarecido con críticas y ataques a otras empresas del sector. Al indagar sobre la trayectoria electoral de la empresa seleccionada, es casi nulo lo reseñado en la red, mientras que los servicios de seguridad son los que más oferta.

En el caso de la segunda tecnología, en el resto del país se optó por la trasmisión de resultados por medio del Sistema Asistido Mediante Tabletas, con el cual, una vez los miembros de mesa hayan realizado el escrutinio, se digitarán los resultados en el dispositivo que automáticamente los enviará al centro que totalizará los votos a escala nacional.

La poca información sobre el mecanismo de escrutinio ha generado dudas como la del diputado nacionalista Antonio Rivera y su homólogo de Libertad y Refundación, Jorge Cálix, quienes advirtieron que un método similar se usó en las últimas elecciones generales, dejando un resultado bastante negativo.

Hace tres años, el Tribunal Supremo Electoral puso en marcha un procedimiento para la transmisión de resultados (escaneo de actas), pero lo inadecuado del método dio al traste con los objetivos, y nuevamente la entrega del escrutinio fue tardía, lesionando la confianza de los electores.

Tras el repaso de lo que se espera en Honduras, y lo ocurrido en los últimos comicios, los hondureños en casi todos los procesos comiciales deben padecer y, prácticamente resignarse, a la ocurrencia de errores, así como de los vicios propios del voto manual: retrasos en la entrega de resultados; inconsistencias numéricas y actas con fallas.

En esta ocasión hay un intento por mejorar las condiciones, pero el proceso de adopción adolece de las cualidades de transparencia y seguridad requeridas para blindar el proceso, lo que puede afectar el devenir del modelo de escrutinio.