Credibilidad electoral venezolana en picada por una Constituyente

Venezuela cuenta con voto 100% automatizado.

La elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) del 30 de julio en Venezuela rompió drásticamente con la dinámica electoral que se venía construyendo en ese país desde 2004, fecha en la que automatizó el voto.

Desde la forma en que se convocó a la elección de una segunda ANC -la primera se concretó en 1999- hasta el momento en que se ofrecieron los resultados, la elección recibió cuestionamientos de expertos y políticos dentro y fuera de la nación.

Para algunos la misma convocatoria fue ilegal, ya que la realizó directamente el presidente Nicolás Maduro, y sin que se efectuara un referéndum para preguntar a la nación si deseaba una nueva constitución.

Además, el Consejo Nacional Electoral aprobó un calendario electoral que impedía realizar muchas de las auditorías que venían haciéndose en todas las elecciones desde 2004. Al saltarse dos tercios de la batería de 21 auditorías que se realizaban normalmente, la credibilidad de los comicios se vio seriamente afectada. En este sentido, el Observatorio  Electoral Venezolano (OEV) dejó constancia de las faltas, en un informe donde detalla que se omitieron 14 auditorías y se dejaron de hacer 70 de 100 diligencias previas a cualquier elección.

Aunado a esta realidad, los problemas se vieron agravados por la decisión de la oposición venezolana de no participar en las elecciones, pues restó una de las partes vitales para garantizar la transparencia del proceso: que las fuerzas antagonistas garanticen con sus testigos, que se respeten las reglas y procedimientos.

Las enormes preocupaciones por la forma como el CNE decidió llevar adelante esta votación, alcanzó su punto crítico 72 horas después de finalizada la jornada, debido a que Smartmatic, la empresa que por 14 años ha proporcionado la tecnología electoral a Venezuela, denunció que de acuerdo a sus estimaciones, “la diferencia entre la cantidad anunciada y la que arroja el sistema es de al menos un millón de electores”.

Según la trasnacional, mientras la presidenta del CNE, Tibisay Lucena, señaló que habían votado 8,08 millones de personas, sus datos proyectan un número diferente por lo que sugirió realizar auditorías para validar la información.

A la fecha, el CNE no ha respondido de manera eficiente a la denuncia, pues optó por escudarse en un discurso político, cuando la situación reclamaba argumentos técnicos. Incluso la duda ganó terreno, pues pasadas varias semanas, el organismo no ha publicado los resultados electorales mesa por mesa, como tradicionalmente se venía haciendo desde 2004, impidiendo conocer el comportamiento de todos los circuitos, y evitando que se pueda comprobar la información para dilucidar su veracidad.

La decisión del CNE de ocultar la data electoral impide la auditabilidad del escrutinio, al no poderse corroborar el dato del conteo, contrastando las actas impresas con los resultados de las mesas.

De manera, que a las denuncias de la supuesta manipulación del dato final ofrecido por el Consejo Nacional Electoral (CNE), se une que más de 30 días después, siguen sin publicarse los resultados del escrutinio al detalle.

Lo delicado de esta situación, ha sido abordado por especialistas nacionales e internacionales. La ex representante del Centro Carter, Jennifer McCoy, anticipa que lo ocurrido “influirá fuertemente en la confianza de los venezolanos en participar en futuras elecciones”.

Queda entonces en manos de las autoridades restituir los procesos de Ley, y en los actores políticos la obligación de presionar para que el derecho de los venezolanos a recuperar el sistema de votación que exigió años de trabajo e inversión sea recuperado.

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79 procesos electorales vivirá el mundo durante 2017

calendarioEl nuevo año trae un intenso ambiente electoral en el mundo. De acuerdo al registro que lleva la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES), 46 países de los cinco continentes cumplirán jornadas de votación para elegir presidentes y renovar congresos.

De los 79 procesos electorales que se realizarán a lo largo y ancho del planeta, África y Asia concentran la mayor cantidad, pues 12 naciones de cada uno adelantarán votaciones; mientras en Europa serán 10 los territorios donde se harán comicios durante el año.

Al tiempo que las tensiones políticas y la incertidumbre por el ascenso de los radicalismos  producen temores en países como Francia, Alemania y Francia; así como en Congo y Ruanda, en Latinoamérica preocupan algunas prácticas electorales.

La primera nación que se efectuará comicios en la región será en Ecuador. El 17 de febrero no solo el país votará para dejar atrás la era del presidente Rafael Correa -10 años en la presidencia- sino que espera automatizar la transmisión de las actas, pero lejos de cumplir un proceso transparente de adquisición de tecnología, optó por aceptar “prestados” unos equipos coreanos, con los cuales hará la digitalización y transmisión de las actas de escrutinio.

Por su parte, Perú realizará el 12 de marzo elecciones municipales en algunos distritos. Esta jornada mostrará como la falta de compromiso de las autoridades impide que todo el país pueda usar el voto electrónico diseñado por la Oficina Nacional de Proceso Electorales (Onpe). Y es que aunque desde hace años unos 19 circuitos votan mediante máquinas, las jurisdicciones que elegirán alcalde este año tendrán que conformarse con el voto manual que el año pasado –durante las presidenciales- impidió ofrecer resultados oportunos. La espera fue de una semana.

Otras dos naciones que cumplirán comicios en Latinoamérica son Chile  y Honduras. Noviembre será el mes en que ambas acudan a las urnas para renovar la presidencia, mientras que el país centroamericano también elegirá a los integrantes del Congreso.

En el caso chileno, la elección planificada para el 19 de noviembre, podría ser usada como punto de partida para la renovación de su sistema de votación. El país sufre en la actualidad una fuerte apatía electoral, que ubica la abstención alrededor de 60%, lo que lleva a los expertos a coincidir que la nación debe hacer esfuerzos por tecnificar su sufragio.

A su vez Honduras, que irá a las urnas el 30 de noviembre, deberá agilizar la discusión de la reforma electoral, si quiere ver algún cambio en la materia en el corto plazo.

Para cerrar, Venezuela revalidará el uso del voto electrónico. Las autoridades electorales no han convocado las elecciones regionales, pero están previstas para el primer semestre, mientras las locales deberían efectuarse al cierre del año. Este país ha brillado con luz propia a la hora de automatizar sus comicios. De la mano de la trasnacional Smartmatic suma más de una docena de exitosas elecciones electrónicas, las cuales se apoyan en máquinas provistas de identificación biométrica del elector, pantalla táctil, tarjetones electrónicos, comprobante en papel del sufragio, escrutinio y transmisión automatizada.

Las justas comiciales en Latinoamérica representan una gran oportunidad para la tecnología electoral, ya que al tiempo que Venezuela confirmará su elevado estatus en el voto electrónico, naciones como Perú y Ecuador, tendrán que seguir presionando para avanzar en la modernización; mientras Honduras y Chile tendrán que decidir si desarrollarse o quedarse estancadas.

El voto electrónico y las garantías electorales

Algunos modelos de voto electrónico, como el usado por Venezuela, están capacitados de imprimir un comprobante del voto automatizado en papel.

Algunos modelos de voto electrónico, como el usado por Venezuela, están capacitados de imprimir un comprobante del voto automatizado en papel.

En tiempos donde el voto manual hace estragos en algunos países de la región (Colombia, República Dominicana, Bolivia, Argentina y Haití), resulta propicio hacer foco en las características del sufragio electrónico, que es el modelo de votación que se presenta como la alternativa transparente y segura para resguardar la voluntad popular.

Las elecciones manuales muestran un largo historial de fallas, principalmente porque los resultados dependen de la pulcritud en su manejo por parte de múltiples actores  -miembros de mesa, testigos, partidos políticos y funcionarios del organismo comicial-, así como del llenado correcto de planillas y actas, la transmisión de la información y el traslado seguro del material al punto de totalización.

Para hacer frente al fraude y garantizar mayor confianza, un sistema electoral debe ser capaz de registrar fielmente el voto, preservar su secrecía -tanto de la opción elegida como del elector-, mostrar un escrutinio que respete las selecciones del electorado, garantizar que los resultados no puedan ser alterados, permitir la auditabilidad de los procesos y además que el método de votación sea de fácil ejecución para todas las personas.

Todo esto se logra con el voto electrónico , que ofrece herramientas que permiten minimizar la intervención humana en las tareas más importantes, y por ende, eliminar los errores y el cometimiento de fraude, ya que el proceso descansa en equipos diseñados y fabricados para procesar, contar  y transmitir resultados comiciales totalmente fidedignos.

Entre las fortalezas que ofrece la tecnología está la identificación biométrica a través de la huella dactilar. Con ésta, cada persona pasa por un chequeo (captación de la huella) donde se autentica su identidad para evitar el voto doble o suplantación de identidad.

Otro elemento a destacar es que el sufragio electrónico permite auditorías antes, durante y después de la elección. Usualmente son realizadas entre el ente electoral y los actores políticos, lo que da la garantía de transparencia, ya que al tener intereses contrapuestos, se aseguran de brindar integridad al proceso, validando los elementos de seguridad para tener resultados exactos y confiables. Venezuela es un ejemplo de las amplias posibilidades que ofrece la tecnología de ser auditada.

Las ventajas de la automatización además pasan porque su diseño puede adaptarse a las características idiosincráticas o requerimientos técnicos de cada país, facilitando el proceso del voto. En Brasil, donde se asigna un número a los candidatos, se optó por crear un equipo que dispone de teclado numérico para replicar el tradicional modelo de votación.

También las fases de escrutinio automatizado y trasmisión de resultados reflejan posibilidades prácticamente imposibles de repetir por el conteo manual. Las máquinas de votación fueron diseñadas para sumar los sufragios de manera electrónica y encriptarlos, evitando errores de conteo o llenado de actas, pero además son capaces de transmitir la información a un centro de totalización de forma segura, cerrando el paso al fraude y los vicios que por años ha dejado la contabilización manual de sufragios, así como al retraso en la entrega de los ganadores.

Tras la revisión de las fortalezas del voto electrónico, salta a la vista y el entendimiento que éste no solo reduce al mínimo los errores humanos, sino que además simplifica la logística de los procesos. Adoptar alguno de los modelos disponibles en el mercado, garantizaría el cumplimiento de todas las exigencias de una elección, pero también permitiría a los países contar con un sistema que blinda al sufragio.