La automatización electoral en Perú busca nuevos caminos

La Onpe de Perú diseñó una máquina de votación que ha sido probada en varias ocasiones.

La Onpe de Perú diseñó una máquina de votación que ha sido probada en varias ocasiones.

En diciembre pasado, el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM) de Perú, sorprendió al anunciar que decidió no ratificar en su cargo al jefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe), Mariano Cucho.

De acuerdo a los argumentos del CNM, el incumplimiento de Cucho en algunos objetivos planteados para su gestión de tres años (2013-2016) fue el detonante de la salida. El retraso en la aplicación del voto electrónico fue el elemento que más pesó en la evaluación hecha por el CNM para sentenciar el retiro del funcionario.

En el documento donde se notifica la destitución, el Consejo alega que “el voto electrónico fue una de las principales propuestas por parte de Cucho y formó parte de su informe de postulación y sirvió como uno de los indicadores favorables para su nombramiento (…) Sin embargo, la actuación del evaluado, solo ha generado desconfianza por los resultados que no han sido plenamente satisfactorios”.

Específicamente se detalla que durante la gestión de Cucho se redujo de 30 a 19 los distritos en donde se aplicó el voto electrónico, que no se cumplieron las metas financieras relativas a la automatización, y en definitiva que no se avanzó en la implementación de la tecnología comicial.

Perú cuenta con la legislación para modernizar el sufragio y ha diseñado un voto electrónico que viene probando desde hace años. Sin embargo las autoridades electorales no han podido afrontar los retos que reviste poner en práctica el modelo automatizado de votación.

Por ejemplo, en lugar de adelantar la implementación de la máquina de votación y fortalecer sus características de seguridad, en la primera vuelta presidencial –efectuada el 10 de abril de 2016- se debió reducir el número de circuitos automatizados. Aun así los resultados, tanto en esos comicios como en los de junio (segunda vuelta), fueron negativos.

Las razones del mal uso del voto electrónico pasan porque la ONPE, que en un inicio pretendió aplicar las mejores prácticas en la región para diseñar su voto electrónico, se ha hecho de la vista gorda a la hora de seguir mejorando su tecnología. A su vez, ha descuidado la logística y preparación de los comicios, hecho que en las elecciones del año pasado se evidenció en la poca o nula información de los electores y miembros de mesa.

La decisión de la CNM abre una nueva posibilidad a la automatización en Perú. Actualmente son 13 los postulados para el cargo de jefe de la Onpe, y se espera que a finales de febrero sea designado el nuevo encargado del organismo. La demora en la aplicación de la tecnología le costó el cargo a Cucho, pero podría ser el incentivo que dé al traste con la falta de decisión para avanzar en la automatización electoral.

Unión Europea revisa prácticas electorales de Perú

Luego de cumplir unas elecciones donde los fallos en el voto manual, así como en la tecnología que diseñara la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) para los peruanos presentara dificultades, La Misión de Observación Electoral de la Unión Europea presentó el informe final de sus recomendaciones sobre el último proceso electoral en este país.

Perú ante la obligación de revisar su sistema electoral

Foto: eeas.europa.eu

Foto: eeas.europa.eu

La historia se repite y parece que no hay voluntad para que las cosas cambien. Esa es una de las conclusiones a la que se llega en Perú, luego que la segunda vuelta presidencial –realizada el 5 de junio- sometiera al país a la incertidumbre electoral por un escenario que puede ocurrir en cualquier elección: resultados cerrados.

Según el cómputo final de votos la diferencia entre Pedro Pablo Kuczysnki de Peruanos Por el Kambio (PPK)  y Keiko Fujimori de Fuerza Popular fue de solo 42.697 sufragios, es decir, apenas 0,48% de las selecciones válidas. Este final de fotografía –que otorgó el triunfo a PPK- se ha dado y seguirá repitiéndose en Perú o en cualquier otra parte del mundo, porque la voluntad popular es una variable capaz de generar los resultados más improbables.

Este proceso electoral dejó en evidencia el hecho que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) no estaba preparada para responder a un país ampliamente polarizado. No solo no ofreció el escrutinio al final de los comicios, sino que tardó cuatro días para emitir un boletín con un conteo matemáticamente determinante, y consumió una semana hasta entregar los resultados definitivos.

La necesidad de revisar el sistema electoral peruano es inocultable. Aunque cuenta con la legislación para modernizar el sufragio y ha diseñado un modelo de voto electrónico que viene probando desde hace años, las autoridades electorales no han sabido afrontar los retos que reviste poner en práctica la tecnología que le permita sortear exitosamente cualquier elección o cualquier resultado.

Por ejemplo, en lugar de avanzar en la implementación de la máquina de votación y fortalecer sus características de seguridad, en la primera vuelta presidencial –efectuada el 10 de abril- se debió reducir el número de circuitos automatizados. Aun así los resultados, tanto en esos comicios como en los de junio, fueron negativos.

Las razones del mal uso del voto electrónico peruano pasa porque la ONPE, que se valió de las mejores prácticas en la región para diseñar su voto electrónico, se ha hecho de la vista gorda en seguir mejorando su tecnología. A su vez, ha descuidado la logística y preparación de los comicios, hecho que en recientes elecciones se manifestó en la poca o nula información de los electores y miembros de mesa.

Si bien la candidata presidencial que perdió la contienda aceptó los resultados, los riesgos que reviste prolongar el anuncio de los resultados electorales por incapacidad de su sistema, deben ser calculados. Solo así podrá el país embarcarse en un proceso de corrección que le brinde la posibilidad de blindar su futuro electoral.